Los jugadores del Barcelona celebran el tanto de Leo Messi. (EFE)
Los jugadores del Barcelona celebran el tanto de Leo Messi. (EFE) EFE

Desde que Pep Guardiola tomó las riendas del Barcelona, el club catalán ha ofrecido, prácticamente al 100% (siempre hay alguien que hace una salida de tono), un discurso basado en la cautela y la modestia.

Desde los primeros "¡basta ya, os estáis pasando con tantos elogios!", de principios de diciembre, cuando todos alababan el juego y los resultados del equipo catalán; hasta el reciente "que se hable de crisis está bien" , cuando empezaron a fallarles las cosas y el Madrid se puso a cuatro puntos, pasando por el mes de enero en que decía "no somos campeones de nada", Guardiola nunca ha querido darse aires de genio ni de crack de entrenadores, y también ha suavizado el valor de los triunfos de sus jugadores, porque sabe que la confianza lleva, a veces, a fallar.

Eso sí, aunque no lance las campanas al vuelo cuando suma victoria tras victoria, pasa fases y se mantiene líder, muestra su total confianza en sus hombres: "Creo mucho en este equipo y creeré hasta el final".

Los jugadores y el presidente también suelen respaldar esta postura del mister, y ayer era Joan Laporta el que, a pesar de que su equipo se mantiene con opciones en las tres competiciones (LigaCopa del Rey y Champions ), se mostraba prudente: "Éste no es el momento de pensar en títulos", dijo en la emisora RAC 1, donde también alabó el juego azulgrana: "El Barça siempre busca una victoria estética. Todo el mundo debería gozar con el Barça".

Y es que el juego del Barcelona es rápido, de presión, preciosista y espectacular (toque y toque).

En el Madrid, optimismo a raudales

Mientras, el juego de los de Juande Ramos es más práctico, menos espectacular y, sobre todo, fundamentado en las paradas de Casillas, la inspiración de Robben y la brega de Raúl

La táctica del Madrid en el discurso de cara al exterior es también otra. A pesar de que se apeó pronto de la Copa (ante un Segunda B), que hace menos de una semana fue eliminado de la Champions (esta vez por un gran Liverpool), y que el Barça se muestra estable y le saca seis puntos, ayer uno de sus jugadores, Miguel Torres, aseguraba que "si somos inteligentes, ganaremos la Liga".

"Ahora estamos muy motivados y con mucha confianza", asegura su compañero Sneijder. Todos parecen contentos, con ganas y dispuestos a vencer desde la mayor confianza posible.

Lo malo de algunas de esas palabras es verlas con perspectiva, como el famoso "vamos a chorrear al Liverpool" que preveía  el presidente Vicente Boluda para los de Benítez, un chorreo que terminó por llevar al equipo blanco a abandonar la Champions.

Pero antes de Boluda estuvo Ramón Calderón... que tampoco se quedó corto en palabras y actos. Como la famosa metedura de pata de fichar a  Lassana Diarrá y Klaas-Jan Huntelaar, y descubrir unos días después que no podía inscribir a ambos en la Champions,  con su vender a bombo y platillo el fichaje de cracks como Kaká o Cristiano Ronaldo, que nunca llegaron a la casa blanca.

Respecto al discurso animista,  a mediados de enero pedía que la gente no descartara "una alegría" , y aseguraba que "a este equipo no se le puede dar nunca por muerto". Un par de días antes, tocaba la Copa de Europa en una exposición y afirmaba que esperaba "tocar esta copa el 27 de mayo en Roma".