Chukwueze
Chukwueze celebra su gol ante el Spartak de Moscú en la Europa League. EFE

El Villarreal estará en el sorteo de dieciseisavos de final de la Europa League, tras imponerse por un buen 2-0 al Spartak de Moscú. Luis García Plaza se estrenó así con buen pie, en un partido en el que desde el principio se quitó de encima la presión de los últimos resultados

El buen arranque de los villarrealenses obtuvo premio en los primeros minutos. Sólo tardó 10 en aparecer el gran descubrimiento de esta temporada, de momento, para el submarino: Samu Chukwueze. El ariete nigeriano aprovechó un balón que se encontró en el pico del área y la pasividad rusa para marcar al otro palo y estrenarse como goleador europeo. El '30' del Villarreal no olvidará nunca al Spartak: debutó en su estadio con la elástica amarilla en Europa e hizo su primer tanto en la competición contra el mismo equipo.

La velocidad de Chukwueze fue una de las constantes de un equipo que, para ser el estreno de Luis García Plaza en el banquillo, ya dejó detalles de cambio. Más balones abiertos, más seguridad en la posesión y más rapidez para salir atrás permitieron que, con el marcador a favor, desapareciesen los intentos rusos de salir al ataque. El doble pivote que formaron Javi Fuego y Cáseres aumentó la presión, y permitió que el trío de ataque (Chukwueze por un lado, Ekambi por otro y Gerard Moreno como referencia en el centro) brillase más, aunque sin más premio hasta la segunda mitad.

Nada más salir de vestuarios para la segunda mitad, poco tardó Fornals en descubrirse, de nuevo, como uno de los centrocampistas que mayor visión dan en el fútbol español. El joven mediocentro vio la carrera de Ekambi y, con una precisión milimétrica, habilitó a su compañero para que hiciese el segundo gol de la jornada para los de García Plaza. Ekambi, que es el máximo goleador europeo del equipo castellonense, marcó su cuarto tanto con una precisión letal.

El Spartak no se amilanó, ni mucho menos. De hecho, se metió más en el partido, como demostró un balón al palo de Zé Luis, que aprovechó el punto flaco del Villarreal, la banda de un Víctor Ruiz que no tuvo su día. Justo después, Cáseres también vio cómo la madera le privaba de la gloria, cuando su disparo rechazado por Maksimenko se fue al travesaño. Fueron los mejores minutos para los visitantes, que acabaron encerrados en su área y cediendo el balón ante la imposibilidad de peleársela a los españoles.

El partido acabó con una tángana y una roja a Jaume Costa. El español, ya expulsado, hizo que el central Dzhikiya fuese a por él, con un enfado colosal, que generó unos momentos de mucha tensión y algunos empujones. Todo vino por la falta que propició la tarjeta de Costa, cuando le clavó los tacos en el talón a Ananidze.

Más allá de la victoria (cuarta de la temporada en su estadio) y el pase a la siguiente ronda, en este Villarreal se vieron ya algunas líneas maestras de su proyecto: sacó a Pedraza de extremo, puso un centro del campo menos estático, abrió mucho más el juego y la presión... El cambio de cara es claro.