Kimetto
El atleta keniano Dennis Kimetto celebra su victoria en el Maratón de Berlín 2014, donde estableció un nuevo récord mundial sobre la distancia. EFE/EPA/RAINER JENSEN

Forjado por el recuerdo de los ecos los duelos entre su compatriota Paul Tergat y el etíope Haile Gebrselassie, en el contexto de una infancia sin muchos excesos y menos dinero, el keniano Dennis Kimetto proclama que su reinado en el maratón puede ser cuestión de lustros. "Actualmente creo que puedo ser un magnífico corredor otros diez años, hasta los 40", comentaba este lunes, una jornada después de batir el récord del mundo de maratón con una marca de 2h:02:57.

Mi padre me dijo que me entrenara tan bien como pudiera y  que luchara, porque podría cambiar mi vida

Kimetto, el nuevo héroe mundial del atletismo, creció en el seno de una familia de agricultores cuya descendencia creció hasta los siete vástagos, cuatro varones y tres mujeres. Su trabajo en la granja le impidió asistir a la escuela, pero encontró el apoyo de sus progenitores cuando, ya en 2008, quiso convertirse en atleta profesional. "Mi padre me dijo que me entrenara tan bien como pudiera y  que luchara, porque podría cambiar mi vida". Un consejo que ha cambiado su vida, sí, pero también la de la familia.

Y todo gracias a Geoffrey Mutai y su grupo de entrenamiento, a los que se unió un día de forma accidental, tras una invitación. En 2010 ganó once pruebas en Kenia, con la Media Maratón de Nairobi al frente. Sin embargo el gran salto llegó en 2012, con su victoria en el Ras Al Khaimah Half Marathon de los Emiratos Árabes Unidos. "Me paré en la línea de salida y miré alrededor. Sentí miedo, viendo los corredores como Wilson Kipsang a mi lado. Nadie sabía quién era yo", admite.

Seis semanas después, en Berlín, logró bajar de la hora y en su debut en la distancia maratón, también en Berlín, y también en 2012, detuvo el crono en 2h:04:16. Chicago y Tokio, ya el año pasado, fueron nuevos pasos seguros y ni tan siquiera una lesión que sufrió en un muslo en su participación Boston, en abril, le frenó. Una recuperación solvente le dejó en forma para el asalto a Berlín.

Kimetto recuerda cómo seguía el atletismo de oídas, en la aldea cercana a casa. "No teníamos ni televisión ni radio en casa, por lo que en los Juegos Olímpicos de Sídney [2000] me fui al pueblo. El recuerdo de Haile frente a Tergat en los 10.000 metros me inspiró. Pensé si alguna vez podría hacer lo mismo y correr a ese nivel", recuerda ahora, horas después de rebajar una frontera humana.