La ‘venganza’ de Álvaro Pino: su pupilo David García vence en Ponferrada

El gallego David García, del Xacobeo Galicia, vence en la meta de Ponferrada de la Vuelta 2008 (EFE)
El gallego David García, del Xacobeo Galicia, vence en la meta de Ponferrada de la Vuelta 2008 (EFE)
EFE
La Vuelta abandonaba Asturias y llegaba a Ponferrada con una etapa, la decimoquinta de esta edición,
realmente peligrosa. Porque sus 202 kilómetros escondían un largo puerto como
Somiedo; seguían por el segundo puerto más duro de esta edición:
El Corral de los Lobos (corto, apenas cinco kilómetros, y mucha rampas del 11 y el 12%);
Ocero, un tercera, endurecía la parte media y, para colmo, un exigente circuito final escondía una emboscada no puntuable,
el exigente Lombillo (pendientes del 14% y el 15%). Y todo a menos de diez kilómetros del final. Pero
los favoritos firmaron un "armisticio" temporal en la guerra por el jersey oro que tiene muy bien encarrilada a su favor Alberto Contador.

Y en este contexto, sin pretensiones clasificatorias, el día era para los aventureros. Diecisiete ciclistas integraron una numerosa escapada que llegó a meta con 14 minutos y 22 segundos sobre el pelotón, donde el Astaná imponía una velocidad crucero. En la capital del Bierzo venció el gallego David García Dapena, discípulo de Álvaro Pino en el Xacobeo Galicia, que atacó a tres kilómetros del final a otros tres corredores (Juanma Gárate, el belga Nick Nuyens y David Arroyo). Los cuatro se destacaron en el circuito final de Lombillo, donde hubo muchísimos ataques en el grupo de diecisiete fugados que se formó en los primeros 30 kilómetros y se consolidó en el ascenso a Somiedo (su cima estaba a 122 km de Ponferrada).

Un alegrón para el equipo de Pino, disgustado con la actuación del Astaná con respecto a su mejor baza en la general, el gallego Ezequiel Mosquera, en la ascensión a Fuentes de Invierno. Un cabreo que, de hecho, dejó en segundo plano la segunda victoria de Contador tanto en los programas deportivos de la madrugada como en los prolegómenos de la salida, en Asturias.

Diecisiete fugados antes de Somiedo

Con bajas temporales en ese grupo de diecisiete (los más débiles cedían en los puertos y volvían a conectar en los descensos), el veterano José Luis Arrieta, Arri, guipuzcoano de nacimiento y navarro de residencia enrolado en el AG2R francés, fue uno de los más activos: no es rápido y en esa fuga había buenos llegadores (los belgas Gilbert y Nuyens, el alemán Haussler,...). Ya atacó en Somiedo, demasiado lejos con mucha dureza por delante, pero lo volvió a intentar en Ocero, abrió un pequeño hueco que se disparó hasta el minuto y Arri perseveró.

Pese al descontrol existente en la fuga (muchos ciclistas, muchos intereses), Arrieta fue cazado en el primer paso por Ponferrada, ya dentro del sorprendente circuito de Lombillo. Y sin una cabeza de carrera clara muchos fueron los que probaron suerte. Lo intentó Gárate, también probó suerte Arroyo, el italiano Tiralongo,... Coronó Lombillo en cabeza Arroyo y se lanzó hacia Ponferrada, pero se acabó formando el cuarteto que, parecía, iba a jugarse la victoria parcial.

David García lo evitó con un oportuno ataque a tres del final. "Ésta es la mejor victoria de mi vida", señalaba un pletórico corredor. El Caisse d'Epargne, con dos ciclistas en la fuga, le arrebató al Astaná la primera posición en la clasificación temporal por equipos.

Caída sin consecuencias de Contador

En ese grupo cabecero estuvo casi toda la emoción. Casi toda. Porque en el pelotón Alberto Contador sufrió una caída sin consecuencias. Bajó al coche del médico y hubo cierta inquietud por conocer su estado de salud al ver al galeno tratarle su pierna izquierda. Pero todo se quedó, como dicen en el pelotón, "en chapa y pintura". En la general, salvo el salto en la general de muchos de los fugados, no hay cambios entre los favoritos.

La Vuelta afronta este martes su decimosexta etapa, 186,3 kilómetros entre Ponferrada y una ciudad, Zamora, que acoge un final de la Vuelta por sexta vez en su historia. Un día para las escapadas o, si quedan fuerzas, para buscar un sprint.

Y el regusto que queda tras la etapa de Ponferrada es excelente. Se vivió un bonito espectáculo cuyo mérito, al César lo que es del César, no es de la organización de la Vuelta, sino de las instituciones locales de Ponferrada y muchos aficionados anónimos que emplean Internet como plataforma. En la etapa presentada en 2007 no aparecía el circuito final; su inclusión fue posterior. Visto lo visto, el cambio mereció la pena.

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