Curling
El equipo español de Curling, ante Lituania FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE HIELO

Lucha por abrirse paso a escobazos –sólo es una metafóra– y muy poco a poco lo van consiguiendo. Ellos, Carlos, Genís o José María, se decantaron hace dos décadas por el curling: esa piedra granítica de 20 kilos que se desliza por el hielo escoltada por escobas que facilitan su tránsito hasta una gran diana; ese deporte desconocido que casi todos conocen; esa selección española que no tiene pista donde entrenarse y se marcha a Austria para hacerlo. No es chiste.

Serán unos 500 jugadores españoles de curling, "y de esos apenas tienen nivel 80", comenta el skip (capitán) del equipo español, Carlos Lorente, "nada comparado con las decenas de miles de suizos o canadienses, dominadores mundiales". Ellos manejan juegos de piedras de 6.000 euros, se deslizan con zapatillas a 400 el par o barren con escobas de fibra de vidrio por otro ojo de la cara.

Las chicas son más ofensivas, los chicos más conservadores. Cuestión de estrategia

La prueba del curling español llegó esta semana, en el Europeo de Aberdeen. Ellos triunfaron, manteniéndose en el grupo B; a ellas no les fue tan bien.

"En España no tenemos ninguna pista en condiciones, porque hace falta mucha dedicación y medios para acondicionarla, por eso cogemos el avión y buscamos una", cuenta Carlos, capitan español y pareja de capitana española. ¿Disgustos hogareños a la hora de coger la escoba? "Yo en casa barro poco, porque si lo hiciera fundiría el suelo".

Nunca el asunto del barrer estuvo mejor remunerado. "Hay formas y formas de hacerlo y los barredores están muy cotizados. Muchos son profesionales y se pueden ganar la vida así". Pregunta tonta, ¿y en España? "Ni loco". Una de tópicos, que cae por inercia: ¿Quien barre mejor? "Las chicas son más ofensivas, los chicos más conservadores. Cuestión de estrategia", dice...

Ajedrez helado

El curling es un deporte de precisión. Dos equipos de cuatro participantes cada uno compiten entre sí con el objetivo de lanzar deslizando 8 piedras de granito sobre un corredor de hielo de 45,5 metros de longitud y 4,75 metros de anchura. Una vez realizados todos los lanzamientos, los puntos se otorgan en función de la cercanía de estas piedras a la diana marcada en el centro al final del pasillo. "No es petanca sobre hielo, es ajedrez sobre hielo", afirma orgulloso Carlos Lorente.