Hinault
Hinault celebra su triunfo de etapa. (EFE) EFE

Una de las grandezas del ciclismo es que los guiones no siempre se cumplen y un buen ejemplo fue el desenlace de la décima etapa de la Vuelta Ciclista a España, disputada entre Sabiñánigo y Zaragoza sobre 151,3 kilómetros. Hubo, como se preveía, llegada masiva. Pero no ganó Tom Boonen (Quick Step), ni tampoco Óscar Freire (Rabobank); ni tan siquiera el italiano Daniele Bennati (Liquigas), que abandonó la ronda española por culpa de un fuerte proceso gripal.

En la capital aragonesa venció el francés Sébastien Hinault, corredor del Credit Agricole, que se impuso en un extraño sprint al también francés Lloyd Mondory (AG2R), al prometedor belga Van Avermaet (Silence-Lotto) y al tricampeón mundial Óscar Freire. Hinault, veterano corredor bretón de 34 años (nació en 1974) y sin ningún tipo de relación familiar con el gran Bernard Hinault (cinco Tour de Francia en su palmarés), logró en la Vuelta el triunfo de su vida y, de paso, le dio una alegría a un equipo, el Credit Agricole, que busca desesperadamente un nuevo patrocinador que le de continuidad al proyecto de Roger Legeay.

Fue una llegada rara. El Quick Step de Boonen se plantó en cabeza de pelotón en los últimos cuatro kilómetros e inició el ritual preparatorio para el sprint. Alta velocidad, equipo agrupado, ciclistas en fila... Pero apareció el italiano Pozzato (Liquigas), el que fuera el primer líder de la Vuelta, y aprovechó un pequeño repecho, justo bajo la pancarta del último kilómetro, para lanzar un ataque.

Egoi Martínez retuvo su jersey oro de líder en la décima etapa y Freire fue cuarto en el sprint

Los preparativos del equipo de Boonen se difuminaron entre las dudas y sólo la iniciativa de un corredor Milram (pensando en las opciones de su compañero Zabel) permitió mantener a Pozzato a una distancia recuperable. La remontada llegó a través de velocistas de segunda con mucha visión para leer el final de Zaragoza. Pozzato rompió el guión.

Hasta la aparición del Quick Step, en la parte final, el protagonismo fue para el eslovaco Matej Jurco (Milram), el campeón nacional de su país. Después de muchísimos intentos de fuga desde el mismísimo banderazo de salida y durante la temprana ascensión al Puerto de Monrepós (Ballan, Purito Rodríguez, Popovych o Gilbert entre ellos), Jurco se aprovechó de un parón durante el descenso para marcharse en solitario.

Jurco llegó a disponer de casi siete minutos y medio de ventaja sobre un pelotón donde hubo algún momento de tensión por el viento reinante. El Astaná, de hecho, hizo un intento de romper el grupo, pero todo quedó en un tímido conato que, eso sí, pone de relieve el creciente pique entre el equipo de Contador y otras formaciones. Calmado el Astaná, fue el Euskaltel del líder Egoi Martínez el que impuso el ritmo.

Hoy el pelotón sí reaccionó

El gran grupo devoró las ventajas de Jurco y, a 20 del final, apenas le concedía unos segundos. Esto animó al malagueta José Antonio López Gil (Andalucía-Cajasur) y, posteriormente, a Talabardon (Credit Agricole) y Delage (Française des Jeux). Pero ante un pelotón lanzado unos pocos segundos no son ninguna garantía y Zaragoza, en una etapa que tampoco pasará a los anales de la carrera por su emoción, acabó viviendo una llegada masiva.

Egoi Martínez retuvo su jersey oro de líder y mañana afronta una etapa, la undécima, con final en una ciudad donde logró la victoria al culminar una escapada: 178 kilómetros entre Calahorra y Burgos. Eso sí, a 38 del final hay un puerto de tercera, el Alto de Valmala que puede animar a los que aún no han levantado los brazos. Y, visto lo visto, esos intentos pueden venir de los equipos franceses, que se están involucrando mucho en la carrera. ¿Tendrá algo que ver la entrada del Tour en el accionariado de la Vuelta?