Cuando aún no ha pasado una semana desde que acabaron los Juegos Olímpicos, si uno reflexiona un poco sobre algunas medallas que logró España concluye que la más inesperada fue el oro de Saúl Craviotto y Carlos Pérez en el K-2.

El mérito de esta medalla es aún mayor si se comprueba el lugar en el que se entrenan; un embarcadero de Lérida donde los campeones olímpicos han preparado los Juegos. En una casucha guardan las piraguas, con la ducha rota y agujeros en el techo.

Todavía lucen orgullosos la medalla de oro conquistada en Pekín. Pero Craviotto y Pérez no olvidan las condiciones tercermundistas en las que han estado preparándose para el deporte de competición.

Policías nacionales

Ambos piragüistas, policías nacionales de profesión, saben bien lo que es sacrificarse por su pasión deportiva. Por ejemplo, cargando ellos mismos con sus piraguas para participar en un campeonato.

Han vivido dos años de intensa preparación, sin apenas ayudas. La esponsorización no ha llegado al piragüismo y aunque ellos mismos se han dedicado a buscar financiación, la respuesta, por desgracia casi siempre era negativa por parte de las empresas.

Tras cuatro horas diarias de entrenamiento seis días a la semana, Carlos Pérez y Saúl Craviotto lograron el oro olímpico; ahora esperan tener algo más de ayuda para conseguir la próxima medalla.