Courtois
Courtois, tras un partido. EFE

Thibaut Courtois es nuevo jugador del Real Madrid. El portero belga, elegido guante de oro del pasado Mundial, llega al equipo blanco para reforzar lo que parece el punto más débil de una plantilla tricampeona de Europa pero tocada tras la marcha de Cristiano.

Espigado como pocos, su fuerte es la omnipresencia. Llega a todas, por arriba y por abajo, pese a sus casi dos metros de altura. Un don forjado a base de trabajo y estudio. El de sus rivales, a los que analiza en conciencia para no llevarse sorpresas, un argumento clave para explicar que la temporada pasada acabase imbatido nada menos que en 19 partidos.

Sus ídolos no son cualquier cosa. Uno de ellos, Iker Casillas, sabe lo que supone la presión de jugar bajo los palos del Santiago Bernabéu. Algo, por cierto, que tiene pinta de no incomodarle. Ya ganó la Liga con el Atlético de Madrid en la última jornada frente al Barcelona… y en el Camp Nou. Estuvo presente en la primera de las tres seguidas de su nuevo equipo y por eso mismo posiblemente haya elegido el club blanco y su idilio en Europa como el sitio perfecto para hospedarse unos cuantos años. Es lo único que le queda por ganar a nivel de clubes. Eso y que sus hijos viven en Madrid: “Mi corazón está allí, algún día regresaré a España”, avisó hace unos meses.

El Chlesea se fijó en él cuando empezaba a despuntar en el Genk. El Atlético le dio el escaparate a base de títulos y ahora el belga llega para reforzar la portería blanca como mejor portero en la Copa del Mundo. Dará la tranquilidad por alto que el Madrid venía suplicando desde hace años y además la solvencia ante disparos lejanos y de media distancia. Un portero de los mejores del mundo, si no el más completo de todos ellos, y que llega para ayudar a mantener al equipo blanco en lo más alto del ranking mundial tras la huida de Cristiano Ronaldo.