Daniel Díaz
Daniel Díaz es uno de los voluntarios en la Copa Confederaciones 2017. DANIEL DÍAZ

A falta de Mundial o Eurocopa, buena es la Copa Confederaciones. La competición, que celebra su décima edición y se disputa en Rusia del 17 de junio al 2 de julio, saciará la sed de los futboleros más exigentes.

Lo hará porque en ella estarán selecciones de un gran nivel, con un atractivo cartel con la Portugal de Cristiano Ronaldo y la Chile de Alexis Sánchez como grandes favoritos. Completan la nómina Alemania, Camerún y Australia (en el grupo de Chile); y México, Nueva Zelanda y la anfitriona Rusia (encuadradas en el grupo de Portugal).

Cuatro ciudades —Moscú, San Petersburgo, Kazán y Sochi— acogerán los partidos esperan la llegada de cientos de miles de aficionados, no solo de los ocho países cuyas selecciones participan en el torneo, sino de todo el mundo. Un ejemplo, aunque no como aficionado sino como trabajador, es Daniel Díaz, que se convirtió en el primer español en formar parte del equipo de la Confederaciones. Y puede que el único —"No he conocido a ningún español aquí de los 5.500 voluntarios que hay. Creo que soy el único—", confiesa Daniel Díaz a 20minutos desde Moscú.

Este malagueño de 26 años, estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas, nos cuela dentro de un torneo que disecciona para conocer algo más del mayor evento deportivo de este verano 2017. "Mi labor será la de servicio a los aficionados, es decir, cuidar a que encuentren su asiento, ayudar en todo lo posible si hay personas con alguna minusvalía, informar de dónde esta cada cosa y proporcionar a los aficionados un ambiente confortable". Para ello, "nos han dado unos cursos de formación para conocer los valores del evento y para cosas prácticas", comenta.

La Confederaciones va servir para cambiar la percepción que la gente tiene de este país

La seguridad para el torneo tiene sus ojos puestos en el terrorismo yihadista que azota a Europa y ultras del propio país ruso, tristemente famosos por los actos vandálicos en otros eventos deportivos como la pasada Eurocopa de Francia. "Que yo sepa, en principio no hay un dispositivo especial por el tema del terrorismo, pero claro, las noticias llegan e imagino que habrá cierta preocupación". Por ejemplo, "se controlará más el perímetro del estadio y de las salidas del metro de cerca de los estadios", cuenta Daniel, que confiesa que "hace una semana nos dieron un curso de preparación por si ocurriera algún incidente, la forma de evacuar el estadio y todo eso". En cuanto a los ultras rusos y de otros países que puedan llegar, el español cree que "al ser un evento en su país, se cortarán".

La Copa Confederaciones, además, se plantea en este país como un ensayo general de cara al primer Mundial que acogerá Rusia el año que viene.  A partir del sábado y durante las próximas dos semanas, todas las miradas estarán puestas en Rusia para comprobar cómo afronta la organización de una competición que presenta los mismos retos que la gran cita mundialista, eso sí, en una escala mucho más reducida. En este sentido, Dani asegura que "Rusia sí está preparada" para acoger tanto la Copa Confederaciones como el Mundial. "Va a servir para cambiar la percepción que la gente tiene de este país", subraya.

Conocí a mi mujer en Alemania y me vine con ella a Rusia. No me arrepiento

Y, ¿cuál es esa imagen? "Rusia no es como se ve desde fuera. No es un país tan frío como lo pintan. Por ejemplo, Moscú, que es donde yo vivo, es una ciudad enorme, no te cansas de ver sitios, lugares... Siempre hay cosas nuevas que vivir", defiende Dani, que se enamoró de su historia, su cultura, tradiciones y de que, en el fondo, no son tan diferentes a los españoles como pensamos". Eso sí, con una forma de vivir el fútbol muy diferente a como se hace en España. "Aquí se vive mucho menos porque no es el principal deporte como lo es el hockey, pero seguro que después de la Copa Confederaciones habrá muchos más aficionados al fútbol", insiste Dani, futbolero desde pequeño, cuando su abuelo le llevaba a la Rosaleda para ver al Málaga.

La idílica relación de este malagueño con Rusia no se entiende sin su relación de amor con su mujer. "Me mudé a Rusia por amor", confiesa. "Y no me arrepiento. Conocí a mi mujer en Alemania y me vine con ella a Rusia. La verdad es que en Alemania no salieron las cosas como yo imaginaba, me defraudó, pero Moscú es otra cosa".

Por eso, y aunque eche de menos su Málaga natal y su playa, de momento no hay nadie que le mueva de allí. "En principio no tengo intención de volver a España. Aquí tengo aquí mi carrera, trabajo de vez en cuando, y tengo a mi mujer. Aún me quedan muchas cosas nuevas por hacer en Rusia".

Una de ellas empieza en unas horas, formar parte de la Copa Confederaciones 2017.