Alberto Contador
Alberto Contador, en un acto realizado en Pinto. DANI GALLEGO

Las implicaciones del caso Contador, el de una supuesta intoxicación alimentaria que provocó un positivo por clembuterol el pasado Tour, han reactivado un terremoto, el de las dudas, que se ha aferrado al día a día del ciclismo desde el escándalo del Festina, en el Tour de 1998. Siempre existió el fenómeno del dopaje, pero para las conciencias mutó de residual a sistemático. La presunción de inocencia murió. La operación Puerto (mayo de 2006) asestó un mazazo a una credibilidad aún más débil por la gestión del asunto.

Del Comité de Competición de la RFEC, que estudiará la tesis del ciclista de la carne contaminada, depende que el proceso de Contador, quien por edad, resultados y carisma ha ayudado a evaporar los recelos en medios y el gran público, sea una puntilla o un borrón. "El ciclismo ha sobrevivido y sobrevivirá", protesta un profesional. Pero cuando las expectativas pasan por la supervivencia y no el crecimiento, malo.

Del Comité de Competición de la RFEC, que estudiará la tesis del ciclista de la carne contaminada, depende que el proceso de Contador sea una puntilla o un borrón

Éste es el drama, ajeno de momento al ámbito anglosajón: el de apoyos que huyen y carreras y canteras que se extinguen. Un ejemplo. La aseguradora Liberty, en "una posición reforzada por el escándalo que acaba de golpear a Alberto Contador", escarmentada por los casos de dopaje que salpicaron a sus equipos en España y Portugal, obligó a su filial lusa a parar su retorno al pelotón, un proyecto iniciado.

El lobby de las presiones llega desde Noruega, potencia de segundo orden, sí, pero país del campeón del mundo, Thor Hushov. El arco iris lamentó tanta buena palabra, tanto apoyo hacia Contador cuando el caso está abierto. Harald Tiedermann, presidente de su Federación, aseguró ayer que la RFEC es "demasiado suave con los dopados". Y en medio, con una Unión Ciclista Internacional caótica, un pulso entre dónde acaba la lícita preservación de la salud y dónde empieza la trampa, dónde la buena intención y dónde la picaresca.

Ilustres recientes del pelotón español caídos:

- Alejandro Valverde: el murciano nunca dio positivo, pero el Comité Olímpico Italiano (CONI) le impuso dos años de castigo en su país por la coincidencia de su ADN, que logró en una etapa del Tour, y el que apareció en una de las bolsas de sangre incautadas en la operación Puerto. En mayo, el TAS amplió el castigo a todo el mundo. No podrá competir hasta enero de 2012.

- Roberto Heras: el de Béjar, excelente escalador, ganó la Vuelta 2005, convirtiéndose en el ciclista que más triunfos había logrado en la prueba, con cuatro. En un control de la penúltima etapa, una crono en Alcalá de Henares, dio positivo por EPO, un positivo que ha negado por irregularidades en el proceso. Cumplió sus dos años de sanción y pensó en volver.

- Aitor González: el ganador de la Vuelta 2002 dio positivo por anabolizantes en 2005. Sus últimas noticias, una depresión, una detención por un intento de agresión en Elche por una deuda y otra detención cuando circulaba bebido y bajo los efectos de la cocaína por Alicante.

- Otros: el escalador Iban Mayo, todo un ganador en Alpe d’Huez, dio positivo en el Tour 2007. Joseba Beloki, podio en el Tour y la Vuelta, y Ángel Luis Casero, ganador de la Vuelta 2001, figuraban en los papeles de la red del doctor Eufemiano Fuentes, al igual que los carismáticos Óscar Sevilla y Paco Mancebo, en activo.