El gol de la tranquilidad
La plantilla del Real Madrid celebra el tanto de Casemiro. EFE

Servidor pecaba de pesimista antes del partido, tirando a cagón: que este Real Madrid no es el de antes, que sin Modric ni Kroos no hay timón, que el PSG jugará mejor sin Neymar, que cuánto miedo da Di María y ¡uy! las bengalas parisinas que susto... Incrédulo uno.

Pero no, aquello no fue ni un partido de fútbol, qué va, fue un paseo a orillas del Sena con música de fondo y sin un sobresalto. El campeón de Europa exhibiéndose frente al PSG, que ni rechistó. Su puesta en escena fue la esperada, puesto que el tembleque de Emery, ya cadáver en ese banquillo, ante los grandes es legendario, pero en ese once sobraban quilates para poner en un brete al prestigioso rival. Nada: no pudieron, no les dejaron.

Enfrente, Zidane osó alinear en el once a Lucas Vázquez y Asensio, amparado por el inexplicable argumento de que ambos están ahora mucho mejor que Isco y Bale. Ellos le dieron el triunfo en la ida, ellos le dieron el triunfo en la vuelta. La jugada que abrió el marcador fue su obra de arte: pim, pam y el pum del que acostumbra.

Y Cristiano, claro.

No hay palabras o números que sacar al escaparate para descifrar al jugador ante el que nos encontramos. Como en el caso de Messi, sabremos quiénes fueron cuando ya no estén. Ronaldo marcó su duodécimo gol en los ocho partidos de la Champions de este curso. Para fallar ya está Benzema: ¿por qué se empeña Zidane?

Dijo Alves en la víspera, provocador eterno, que el Madrid vivía de 10 minutos, que con eso le valía siempre. Siguiendo la argumentación... si le vale con 10, imagina Dani cuando se enchufa los 90: cero disparos parisinos en la primera mitad, tres o cuatro en la segunda. La tradicional banda intermitente que asoma en Liga fue orquesta: Navas, Ramos, Kovacic, Casemiro... nadie desafinó.

Jeque Al-Khelaïfi, echará a Emery y volverá a abrir el petromonedero, pero dudo que funcione: a su equipo no le faltan futbolistas, le falta algo sin precio, pedigrí, personalidad o como quiera que se llame eso que marca la diferencia cuando llega el momento de la verdad. Lo que tiene el Barcelona, que les arrolló hace un año, y lo que tiene el Real Madrid en stock, que ayer sentó a los imberbes Mbappé y compañía en el pupitre frente al Sena: ¿tomaron apuntes?