Charles Leclerc
Charles Leclerc, durante el GP de Italia. EFE

Charles Leclerc logró la pole del GP de Italia, en una sesión de clasificación donde se repitió sobre todo una palabra: rebufo. El juego de buscar la estela de un coche para ganar tiempo y así marcar un crono mejor ha sido determinante para una situación un tanto caótica de la que el monegasco ha salido vencedor.

El episodio ocurrió en la Q3. Después de un primer intento en el que los nueve de los diez clasificados marcaron tiempo, Kimi Räikkönen tuvo un fuerte accidente en la Parabólica de Monza. La bandera roja paró a todos, pero tras la reanudación, de haber salido de manera natural, podrían haber hecho un segundo intento sin dificultades.

El problema es que en Monza conseguir rebufos es crítico dado por las rectas, lo que hizo que comenzara una vuelta de lanzamiento extremadamente lenta porque nadie quería liderar el pelotón. Tanto lo retrasaron que, dado que salieron a 2:10 para el final, hubo muchos no llegaron a cruzar la meta antes del banderazo a cuadros.

Sólo dos dieron un segundo intento, aunque ninguno mejoró: Leclerc, que ni siquiera tuvo que mejorar su tiempo para mantener su pole, y Carlos Sainz, que partirá 7º.

La polémica está servida. Los comisarios anunciaron inmediatamente una investigación sobre esa última vuelta, dado que muchos pilotos ralentizaron en exceso su vuelta lo que se consideró peligroso. Previendo lo que iba a ocurrir, por la mañana, desde la FIA advirtieron que no se podía dar una vuelta de salida de boxes excesivamente lenta, sino que había que darla en un tiempo mínimo de 1:45.

La situación fue calificada de ridícula por Sainz y peligrosa por el vigente campeón y líder, Lewis Hamilton. "Hasta que alguien no se choque, no cambiará nada", advirtió el piloto de Mercedes, que partirá segundo salvo que haya una masiva sanción en la parrilla.