Verstappen y Leclerc
Max Verstappen y Charles Leclerc. EFE

Max Verstappen y Charles Leclerc han hecho despertar la ilusión hacia la Fórmula 1. En los Grandes Premios de Austria y Gran Bretaña han sido los indiscutibles protagonistas, merced a unos duelos que en el primer caso acabaron en la sala de comisarios y en el segundo en las retinas de todos los espectadores.

Dos pilotos que a sus 21 años (apenas se llevan 20 días de diferencia) ya llevan mucho tiempo batiéndose el cobre en la pista. Desde tiempos del karting, el neerlandés y el monegasco se las han tenido de todos los colores. Pocos competidores hay en la actual parrilla de la Fórmula 1 que se conozcan mejor.

Con permiso de Lando Norris o George Russell, otros dos jóvenes que vienen empujando fuerte, la rivalidad de Leclerc y Verstappen recuerda a las más grandes de todos los tiempos en la Fórmula 1. Y eso es algo que los dueños de la competición ven con muy buenos ojos, en un contexto de claro declive del interés del público. El dominio absoluto de Mercedes ha propiciado carreras con poca emoción por la victoria, por lo que todo lo que sea ver lucha en el circuito es bienvenido.

Reflejo uno del otro, Leclerc es todo lo que no es Verstappen. Si el de Red Bull es siempre impulsivo, el de Ferrari sabe cuándo debe refrenarse. Si el monegasco es razonablemente calmado, el neerlandés es un volcán. O, al menos, así ha sido hasta el momento.

Y es que Leclerc también sabe sacar las uñas. Él mismo decía que lo ocurrido en Austria le ha enseñado que debe contenerse menos, lo que no es sino una manera de avisar a Verstappen de que no se cortará. Ya le dejó claro en Silverstone que no le tiene miedo.

Las nuevas generaciones que se enganchen a la Fórmula 1 lo harán, en buena medida, gracias a ellos. Verstappen ya ha conseguido que el GP de Países Bajos vuelva al calendario, después a arrastrar consigo a miles de aficionados de su país, y Leclerc ya se ha ganado el corazón de cientos y cientos de fans para los que pilotos como Michael Schumacher, Fernando Alonso o qué decir de Ayrton Senna o Alain Prost son leyendas del pasado.