Carlos Gutiérrez
El atleta vasco Carlos Gutiérrez. GLOBALLYGROUP

A sus 55 años, Carlos Gutiérrez no se cansa de correr. Tampoco de hacerlo en condiciones extremas. Este corredor vasco, apasionado del deporte en general, y del running en particular, se ha propuesto un nuevo reto que bien podría pasar por locura: recorrer 205 kilómetros durante 7 días a través del desierto del Sáhara.

La carrera, que comenzó el 30 de abril y en la que Carlos es el único participante español, es enormemente exigente y pone a prueba su espíritu de superación y la parte más primitiva de la supervivencia. "Lo más complicado de este tipo de carreras es luchar contra uno mismo. Estás preparado físicamente gracias al entrenamiento, pero al final te falla la voluntad", confesó el atleta de Barakaldo en conversación con 20minutos antes de partir hacia Namibia.

La del Sáhara es, además, una prueba de las que ellos llaman "de suficiencia autoalimentaria". "Tienes que llevar en una mochila todo lo que necesitas para siete días: la comida, el agua y para curarte las heridas. Tú lo administras y tú eres responsable de todo eso. Es duro, porque los primeros días tienes fuerza pero, según pasan las etapas, te vas debilitando. Por tanto, es más difícil luchar contra lo que uno siente que contra lo que sufres físicamente". ¿Y cómo se lucha contra eso? "Es muy complicado. Yo diría que entrenando solo durante mucho tiempo", se sincera el vasco.

Las pruebas de ultrafondo por etapas son "básicamente de 40 kilómetros, salvo un día, que son 82", y tienen horario de salida y de llegada. "Cada día cubres un número de kilómetros, y luego hay una hora de llegada o tiempos de corte, que si no los cumples te eliminan. Esos tiempos te los marcas tú según tus exigencias. Hay que mantener la calma porque son siete días y hay que saber dosificarse". Y después de cubrir la etapa diaria, ¿qué? "Llegas al campamento, yo normalmente reviso mis pies, a ver cómo están las ampollas. Si están bien, Perfecto. Preparo mi comida (alimentos liofilizados) con agua caliente, comes tu ración, descansas, te relacionas un poco con los compañeros, y rápidamente hay que cenar, porque al ser un medio natural pronto te quedas sin luz. A las 8 ya has cenado". Y a descansar.

Es más difícil luchar contra lo que uno siente que contra lo que sufres físicamente

Un descanso que es esencial porque las etapas son maratonianas. "La media es unas cinco o seis horas, salvo en la etapa reina, que la cubres en unas quince o dieciocho horas más o menos", comenta Gutiérrez. Muchas horas corriendo que plantean una duda: ¿Puede cualquiera realizar este tipo de deportes? Para nuestro runner, la respuesta es sí, aunque con matices. "Siempre que haya entrenado y sea algo que sea razonable y esté a su alcance físico, lo podrá hacer. El físico es el que te lleva pero es son la cabeza y el corazón los que tiran de ti cuando estás mal", asegura el atleta.

Divorciado y con dos hijos, Carlos siente el apoyo de su actual pareja, aunque "sufre mucho", reconoce, y de sus vástagos, a los que, dice, ha inculcado los valores del deporte. "Hay una frase que me gusta mucho: 'No es lo que dices, es lo que haces'. Hay que predicar con el ejemplo. Este tipo de deportes, y todos en general, están bien, pero lo realmente es duro es la vida. Levantarte cada mañana, afrontar el trabajo, pagar facturas, levantar una familia... El deporte es una manera de volver a las raíces. Yo realmente me siento libre cuando hago estas pruebas". Pero, ¿y si alguno de sus hijos quisieran seguir sus pasos? "Me preocuparía un poco, pero los apoyaría. Porque no solo es el deporte, es el mensaje que trasladas con él, actúa como mensajero, por lo que me parece algo bueno", sentencia.

No solo es el deporte, es el mensaje que trasladas con él, actúa como mensajeroEl running, y más en disciplinas tan exigentes, pasa a ser casi una forma de vida. "No creo que yo fuera una persona diferente si no practicara este deporte, pero sí es cierto que la parte mental que conlleva ayuda en muchos ámbitos del día a día diario. En estas carreras estás muchas horas solo, sufriendo, con una mochila de 10 kilos de peso, a cincuenta grados y con los pies llenos de ampollas. La vida, después, también te pone a prueba y esto ayuda, sin duda.

Empleado de una empresa que se dedica al tratamiento de aguas, su trabajo a turnos permite a Carlos dedicarse a su pasión. "A pesar de que soy aficionado, planifico bastante mis entrenamientos, me hago revisiones médicas exhaustivas y cuido mucho mi alimentación". ¿Y el tema de conciliar, entonces? "Complicado", ríe. "Llegas a tu casa y tienes a tus hijos, a tu pareja... Requiere un gran sacrificio".

El importante lado solidario

Esta carrera forma parte de Desiertos Solidarios, un ultramaratón que recorrerá en cuatro etapas cerca de 1.000 kilómetros a través de los desiertos más extremos de arena y hielo del mundo, el del Sáhara (Namibia), donde participará Carlos, Gobi (China), Atacama (Chile) y La Última Frontera (La Antártida).

Porque la parte solidaria tiene mucha fuerza en su decisión de lanzarse a la aventura. "Quiero dar a conocer la problemática de la exclusión social. El tema deportivo te motiva mucho, pero cuando llevas algo detrás de estas índole (solidaria), aún mejor. Yo no vivo de esto, así que el hecho de tener algo extra que te motive, como es ayudar a otras personas, ayuda en esos bajones que te dan cuando entrenas", se sincera el corredor.

Por ello, el fin será recaudar 5 euros por kilómetro recorrido destinados a la prevención de enfermedades mediante el fortalecimiento de las capacidades locales en el uso de agua en Arreguy, Haití.