El Camino Español: cuando el cicloturismo une aventura, historia y deporte

  • David López y Luis Ángel Boned unen en quince días Milán y Bruselas inspirándose en una ruta militar ideada en el siglo XVI.
  • El Camino Español, más un concepto que una ruta con un itinerario fijo y único, fue la mejor vía para transportar tropas hasta Flandes.
El aragonés Luis Ángel Jaime Boned (derecha) y el onubense David López, fotografiados en una parada durante su ascenso al Mont Cenis.
El aragonés Luis Ángel Jaime Boned (derecha) y el onubense David López, fotografiados en una parada durante su ascenso al Mont Cenis.
EL CAMINO ESPAÑOL

Un punto intermedio entre la recreación histórica y un exigente reto físico endurecido por la acumulación de esfuerzos. Una traslación hasta nuestros días de una casi olvidada ruta militar narrada con maestría por el hispanista Geoffrey Parker. Un periplo en bicicleta y alforjas de dos semanas entre Milán y Bruselas. 1.350 kilómetros entre Italia y Bélgica, con el destino y el origen claros y no tanto la ruta a seguir. De la historia al deporte, el onubense (y residente en Zaragoza) David López y el aragonés (y residente en Barcelona) Luis Ángel Jaime Boned han reverdecido el llamado Camino Español (Le chemin des Espagnols, en francés), la ruta terrestre que alimentaba con tropas la cuestionada presencia española en Flandes. Entre 1567 y 1620 se calcula que más de 127.000 soldados hicieron uso de esta ruta. Estimaciones. En todo caso, una arteria para los Tercios.

La también llamada Ruta de Flandes tiene más de idea que de ruta en sí, puesto que lo mismo que el origen y el destino estaban claros a la hora de unirlos se presentaban diversas alternativas condicionadas por la geopolítica de la época. Y qué época: el movido siglo XVI. Cuenta el historiador Fernando Martínez Laínez en su libro Una pica en Flandes. La epopeya del Camino Español (Edaf, 2007): "El Camino Español, en realidad, era un tronco de itinerarios divididos en varias ramas. Constituía un conjunto de vías que integraban una ruta, o mejor, varias rutas, ya que fueron diversos los  itinerarios que recorrieron las tropas de España para ir a guerrear a Flandes y regresar".

Pero la primera experiencia, la encabezada por el Duque de Alba en 1567 al mando de 10.000 soldados, cruzando los Alpes por el Mont Cenis y llegando a su destino a través de la Saboya, el Franco Condado, el Ducado de Lorena y Luxemburgo, ha sido la inspiradora.

López y Boned, practicantes deportivos de baja intensidad, se embarcaron en un proyecto que aunaba deporte y cultura en un periplo con un gran trasfondo histórico. "Hace seis años comencé a pensar que sería bonito poder recuperar esta ruta y disfrutarla como hoy se puede disfrutar el Camino de Santiago", cuenta López.

La ruta jacobea también tuvo su gurú en el religioso Elías Valiña, quien señaló la ruta con las características flechas amarillas en los ochenta. Armados con bicicletas y alforjas en vez de picas y arcabuces,  partieron del Duomo de Milán el pasado 14 de junio y alcanzaron la Grand Place de Bruselas dos viernes después. Entre medias, muchos kilómetros distribuidos por etapas asequibles (salvo la primera y la última, en todo un "prima non datur ultima dispensatur" deportivo reducidas a 50 kilómetros, en torno al centenar), expuestos a los errores, aliados con la climatología (apenas tres días de lluvia) y atormentados por la laxa flexibilidad de la hostelería francesa. Bosques, montes, desfiladeros, llanuras, paisajes aderezados con colinas o cultivos y también pueblos y ciudades. Y un 90% de la ruta por carreteras secundarias, menos estresantes.

"Evidentemente es algo que no nos va a cambiar la vida y tampoco era esa la pretensión", destaca López. "Pero resulta muy satisfactorio llevar a buen puerto algo que llevas tantos años mascando en tu mente".  Por el camino, alguna que otra pájara solucionada con una siesta en el establecimiento de una cadena de hamburguesas.

Y para darle vidilla al asunto, una pionera credencial al más puro estilo jacobeo en la que ir recogiendo sellos de puntos de paso. "No hemos encontrado una conciencia muy clara sobre el Camino Español, pero al visitar algunas oficinas de turismo y explicarles qué estábamos haciendo se mostraban muy interesados en este proyecto", añade.

¿Cuál fue el momento más duro? "Quizá sea lo más obvio, pero personalmente alcanzar al cuarto día de marcha la cima del Mont Cenis [casi 2.100 metros], la frontera entre Italia y Francia, tras unas ocho horitas de ruta fue un momento muy especial. Cambiamos el plan y pernoctamos arriba. Y disfrutar el panorama que se nos abrió al amanecer nos endulzó el descenso. Me encantó", concluye López.

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