Borja Chivato
Borja Chivato, en San Martín de Valdeiglesias. ARCOS Y CALVO /FMC

El sino de muchos deportes y muchos deportistas es un limbo de falsa profesionalización, ni remuneración ni estructuras sólidas, pero sí muchos esfuerzos y sacrificios. Un limbo solo explicable desde la pasión y la ilusión. Entrenarse sin perder de vista las obligaciones laborales y los compromisos familiares. La bici de montaña, más allá de cuatro o cinco privilegiados, es uno de esos deportes. Borja Chivato (1983), uno de sus protagonistas. "Somos un deporte olímpico y un cero a la izquierda", afirma.

Operario en el aeropuerto de Barajas desde hace seis años, fiel a una media de tres horas diarias de bici que son casi el doble cuando toca fondo, el campeón del Open de Madrid de mountain bike en 2009 y líder de la presente edición, dos pruebas, dos triunfos, vivió un 2010 de dudas y ansiedad por unas arritmias que comenzaron como si nada, un día de rodaje suave, con una palpitación extraña en el cuello y el pulsómetro –medidor de la frecuencia cardiaca– a 197. Cosas de la pila, pensó.

Un corazón a 212

El episodio se repitió durante las 24 Horas de Guadalix, prueba donde alcanzó las 207 pulsaciones. Aumentó el mosqueo, pero los primeros electrocardiogramas no mostraban nada raro. Pero en una prueba en Pardilla (Burgos) coronó un repecho con 170 pulsaciones.

"Y al coronar, en vez de recuperar, se dispararon a 212", recuerda. Ahí aparcó la bici por precaución médica y renacieron viejas incertidumbres, como cuando se fracturó con 18 años la tibia y el peroné en un accidente y se llegó a plantear una amputación por una complicación. En noviembre, tras muchas pruebas, le dieron el visto bueno. "Quizá todo se deba a una gran carga de estrés. Tienes un corazón sanísimo, no te preocupes", le dijeron. "Lo mejor de todo –reflexiona Chivato desde Colmenar– es el sentir que estoy aquí otra vez".