Ibrahimovic
Ibrahimovic, en Barcelona REUTERS

La derrota del Barça ante el modesto Rubin deja un claro estado de preocupación en el seno de la familia culé. Por el negro presente del equipo, pero también, y sobre todo, por el incierto futuro que se le presenta en la Champions.

Hace unos meses, nadie dudaría de que los partidos que le restan al Barça serían solventados con autoridad, pero ahora las cosas han cambiado. Lo que ha cambiado, precisamente, es el juego del equipo de Guardiola. No conectan sus cracks, no tienen el balón y no ven puerta con la facilidad a la que nos habían acostumbrado.

No conectan sus cracks, no tienen el balón y no ven puerta con la facilidad a la que nos habían acostumbrado

Esto, en Liga no le afecta -de momento-, ya que sigue líder con un punto de ventaja sobre el Madrid. Pero en Champions es otro cantar. Si bien es cierto que su grupo está patas arriba, con un sorprendentemente mal Inter, el Barça va a tener que ponerse el mono de trabajo para sudar su pase a los octavos.

Tal y como van los resultados, con todos los equipos aún con posibilidades, la lucha se prevé encarnizada. Y el calendario del Barça no invita a alegrías.

El equipo viaja el 4 de noviembre a la fría Rusia para jugar el cuarto partido de la fase de grupos ante su verdugo de ayer, el Rubin. Allí les esperarán, además de un rival crecido, mucho frío y nieve. De hecho, el partido se jugará antes (18.30 h) por las intensas heladas nocturnas.

En el único partido que le resta en el Camp Nou, recibe al impredecible Inter... y a Samuel Eto'o. Será el 24 de noviembre.

Y para acabar la fase de grupos, los de Guardiola viajan a Ucrania. Será el 9 de diciembre y allí se encontrarán con más de lo mismo. Un rival rocoso, duro, fuerte... y unas condiciones adversas. Frío y nieve para cerrar la fase de grupos, lo que hará más complicado el trabajo de los culés.

El grupo, con cuatro partidos disputados está así: Barça, Dinamo y Rubin con 4 puntos e Inter con 3.