Milán, Lisboa y Bruselas; tres derrotas crueles y sin consuelo para el Atlético en Champions

El delantero Fernando Torres, del Atlético de Madrid, durante la final de Champions.
El delantero Fernando Torres, del Atlético de Madrid, durante la final de Champions.
EFE

El estadio San Siro de Milán agrandó la herida del Atlético de Madrid en la Copa de Europa, con una nueva final perdida de la máxima competición continental, la segunda en dos años, con la de Lisboa en 2014, y la tercera de su historia, con la de 1974, todas sin consuelo para los rojiblancos, dos en la prórroga y la de esta noche, la tercera, en los penaltis.

El conjunto madrileño lo ha ganado todo en España y en Europa menos la Liga de Campeones, el único torneo que se le resiste al Atlético, en sus 113 años de historia, y a Simeone, en sus cuatro años y medio como técnico del equipo rojiblanco, como un título que ha rozado una par de veces, pero que de nuevo parece inalcanzable. El Atlético es, además, el único equipo en perder tres finales en esta competición sin haber cosechado ningún título.

Este sábado también. Dos años después del anterior, de nuevo contra el Real Madrid, esta vez en el estadio de San Siro de Milán, esta vez más preparado el conjunto rojiblanco, esta vez con más experiencia en su plantilla, pero con idéntico desenlace, la derrota, incluso mas cruel que las anteriores, en los penaltis.

Al noveno lanzamiento, del portugués Cristiano Ronaldo. Antes había fallado Juanfran. La imagen de los jugadores tendidos sobre el césped, Juanfran pidiendo perdón de corazón por su tiro al poste desde los once metros. Todos le arroparon, le abrazaron. Una piña. Eso es el Atlético, en las victorias y las derrotas.

Tres minutos y los penaltis separan al Atlético de tener tres Champions

La de este sábado de un dolor tremendo, como lo fueron también por la forma en qué se produjeron, ambas en el último minuto, cuando el Atlético ya se sentía casi campeón de Europa, las dos anteriores finales del club rojiblanco de la máxima competición continental, la de 1974 en el estadio Heysel de Bruselas y la de 2014 en La Luz, en Lisboa.

Tres minutos y unos penaltis. Sin ellos, el Atlético tendría ahora en su palmarés tres Copas de Europa. Un minuto le sobró en Bruselas, en la prórroga, cuando el central alemán Hans Georg Schwazenberg igualó el 0-1 de Luis Aragonés en el minuto 113; dos en Lisboa, hace dos años, cuando Sergio Ramos empató para el Madrid; y este sábado una tanda de penaltis final. Durísimo. Insoportable.

Porque en la primera y la segunda el Atlético mandaba en el marcador hasta los instantes finales, segundos en el caso de 1974, con el citado tanto de Luis Aragonés, y un par de minutos en el de 2014, con el 1-0 del uruguayo Diego Godín en el primer tiempo. Y en ambos casos, el castigo posterior fue excesivo para el equipo.

En 1974, cuando el 1-1 con el que terminó la prórroga provocó un partido de desempate dos días más tarde en el mismo escenario -ha sido la primera y única vez que se ha producido en la Copa de Europa-, con el Atlético hundido, con el Bayern crecido y con 4-0 para los alemanes, con dobletes de Gerd Muller y Uli Hoeness.

En 2014, porque la prórroga posterior al 1-1 de Ramos fue media hora de agonía del Atlético, desfondado por los 94 minutos anteriores y por su sensacional trayectoria en los 60 partidos precedentes de esa campaña y goleado con rotundidad mientras sus jugadores luchaban como podían, exhaustos ante el tiempo extra.

Entonces, el brasileño Marcelo, el galés Gareth Bale y el portugués Cristiano Ronaldo derribaron la conmovedora resistencia rojiblanca en la segunda parte de la prórroga. Hoy, mucho más cerca del triunfo, después de empatar el encuentro, el Atlético sintió de nuevo la crueldad del fútbol, ya insistente en la Copa de Europa. Tres finales, tres derrotas sin consuelo, tres deudas vigentes.

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