Minu Rovirosa
Rovirosa, con su mujer y su hijo. D. R.

Doce maratones en 2012, un reto difícil de alcanzar para la mayoría pero Minu Rovirosa lo superó el domingo en Lanzarote. ¿Su objetivo? Recaudar fondos para la lucha contra la esclerosis múltiple, enfermedad neurodegenerativa que padece desde hace 15 años y para la que no hay cura.

"Fue una época muy oscura porque tampoco sabía exactamente lo que tenía. Empecé a perder el equilibrio, tenía problemas de visión... llegué a estar muy mal", explica a 20 minutos Rovirosa (Sabadell, 1966), quien tiene una empresa de iluminación.

La debilidad muscular, la falta de control de las extremidades y de sensibilidad, los trastornos visuales... son algunos de los síntomas de la enfermedad pero no los únicos. Algunos enfermos se quedan postrados en una silla de ruedas, otros pierden la memoria y el sentido de la lógica.

Rovirosa se siente muy afortunado. "La enfermedad se ha portado muy bien conmigo. Está estancada desde hace ocho años y me he recuperado", admite. Por eso, se ha propuesto recaudar, a través de www.elmeugradesorra.org/domingorovirosa1, 1.500 euros antes de que acabe el año para la Fundación Esclerosis Múltiple (FEM), de la que es socio.

El deporte ideal

"Yo siempre había hecho mucho deporte pero con la enfermedad me volví muy patoso y tuve que dejar el futbol, el frontón, el tenis... De hecho, correr ni tan siquiera me gustaba pero me enganché", recuerda divertido. Ahora corre con un buen amigo, Agustí París, y juntos han recorrido más de 500 kilómetros por toda la geografía española.

Con la enfermedad me volví muy patoso y tuve que dejar el futbol, el frontón, el tenis...

Desde las Islas Canarias hasta L'Escala (Girona) pasando por Madrid y los Monegros y en la mayoría de casos con marcas nada despreciables que rondaron las 3 horas y 40 minutos. "Para mí son muy buenos tiempos pero ese no era el objetivo, sino correr los doce maratones y debía tener cuidado para no lesionarme".

Para lograrlo, llegó a correr dos maratones en una semana. "En marzo falleció mi suegra y no pude disputar ir al de Barcelona, por eso en abril hice el de Madrid y el de L'Escala. Fue duro, la verdad", admite. El desierto aragonés también resultó muy duro y tardó casi 5 horas y media en recorrer los 47,7 kilómetros. "Fue durísima, el terreno era muy complicado y la alargaron siete kilómetros", recuerda Rovirosa, quien celebra que no se sobrepasaran los 35ºC pese a disputarse en julio.

El sabadellense guarda buenos recuerdos de la gente que ha conocido a lo largo del año, como una corredora de 70 años y del cariño recibido en carreras como la de Aquilar de Campo (Palencia), así como de los viajes que han realizado con sus familias a ciudades como Lanzarote y Sevilla. "Marc (su hijo de 9 años) ya participa en carreras de entre 2 y 3 kilómetros pero es imposible convencer a mi mujer, aunque tiene una paciencia...", bromea.

Nuevos retos para 2013

El domingo cruzó la línea de meta por última vez este año. ¿Y el 2013, qué? "Creo que me merezco un descanso porque físicamente estoy cansado pero... me gustaría hacer un triatlón en un futuro", reconoce Rovirosa, aunque los 3.800 metros en el agua no le atraen demasiado. "Pero la gente, incluso a la que no le entusiasma nadar, se engancha", señala el corredor, quien prefiere vivir el momento y no pensar demasiado en el futuro de su enfermedad.

Una enfermedad sin cura

Todavía no hay cura para la esclerosis múltiple por lo que hay mucho por hacer. De hecho, aún se desconocen las causas aunque la mayoría de científicos sostienen que es una enfermedad autoinmune y que, por factores genéticos y ambientales, el propio cuerpo destruye la mielina, una proteína grasa que protege las neuronas. El neurólogo determina el tratamiento en cada caso, pues puede evolucionar por brotes recurrentes o de forma progresiva.