Antoni Daimiel: "Un genio, eso es lo que era Andrés Montes"

Andrés Montes, Antoni Daimiel y Pau Gasol, en una foto de archivo.
Andrés Montes, Antoni Daimiel y Pau Gasol, en una foto de archivo.
Cadena SER

Con el paso de los años uno se olvida de grandes historias que ha vivido en la profesión. La última me la ha recordado Antoni Daimiel, al que hemos llamado para hablar de su amigo Andrés Montes en el tristemente décimo aniversario de su fallecimiento.

Resulta que quien les presentó en su momento fui yo. Por entonces, Montes ya éramos veteranos de la profesión y en una terraza de Sevilla frente al Sánchez Pizjuán, Montes y Damiel se conocieron personalmente. Conmigo como testigo. Quién me iba a decir que aquella tarde en una terraza estaba asistiendo al nacimiento de una pareja que cambió la historia de las narraciones del baloncesto en España.

  • Algo bueno hice, ¿verdad?

Pues en esa terraza efectivamente estabas tú. Y aunque nos conocíamos de oídas, no habíamos estado juntos personalmente hasta esa tarde previa a un Sevilla-Atlético de Madrid en el mes de abril del año 95. No era admiración la que tenía por él, pero sí deseaba conocerle porque era distinto. Yo le había seguido mucho en su época de Antena 3, pero muy de pasada, hasta que en Radio Voz comienzo a escucharle con más atención, las narraciones y el programa.

Era ‘la bomba’ distinto, novedoso. Ya empezaba a definir situaciones. Fue el año del ‘doblete’ del Atleti y decía aquello de: “Algo se mueve al sur de la ciudad. Buenas tardes, soy Milinko Pantic". Ahí ya me quedé enganchado y después vino todo lo demás.

  • ¿Cuál fue el partido más especial junto a él?

Creo que aunque vivimos grandes momentos juntos. Ten en cuenta que cuando llevábamos años juntos hicimos un cálculo de los partidos que habíamos hecho y nos salieron unos mil y pico, pero creo que el sexto partido de los play-off de la final en Salt Lake City en Utah y Chicago con Michael Jordan en el 1998 dominando el último minuto del partido para remontar y ganar, creo que ese ha sido el momento. El partido en el que los dos fuimos conscientes de que aquello era histórico. Ese fue sin duda el pico más alto de nuestro dúo profesional.

  • ¿De qué hablaban fuera de micro?

De todo menos de la NBA. Andrés pasaba de un tema a otro en un pis pas. Te hablaba del conflicto vasco y al momento de la Bolsa en el sudeste asiático. Del asunto racial en los Estados Unidos, del que estaba siempre muy pendiente. Fuera del micrófono era muy difícil que hablásemos de baloncesto.

  • ¿Le molestaba eso de ‘El Negro Montes’, como le llamábamos?

No especialmente. Él era muy reivindicativo en el asunto racial. Era distinto y le gustaba defender a los de su raza. Reconocía que lo había pasado muy mal de niño porque era un niño negro en el Madrid de finales de los 50. Me contaba que había vivido situaciones de gente que en el autobús se cambiaba de asiento para no estar junto a él. Además de por el color de su piel, él tuvo una vida familiar un poco trágica, al que su madre le deja con una señora y se tiene que buscar la vida el sólo. Después, su madre quiere recuperarle y Andrés la rechaza... En fin, la vida de Montes no fue fácil y eso quizás también le hizo ser más fuerte.

  • ¿Hablaba mucho de ese pasado?

No. Muy poco. Conmigo más porque estuvimos más de diez años juntos y al final vio que yo era más su amigo que compañero de trabajo y se desahogaba conmigo. Pero le había marcado en negativo y lo tenía apartado de su vida hasta que tuvo confianza en mí. Al principio de nuestra relación profesional estaba mosca porque pensaba que yo iba a quitarle su puesto. Después vio que lo que yo quería era potenciar el producto Montes-Daimiel y se entregó. Bueno, la verdad es que los dos nos entregamos a la causa.

  • ¿A usted le llamaba mucho por teléfono verdad? ¿Era pesado?

No es esa la palabra. Era muy insistente (risas). Sí. Podía estar una hora hablando de un asunto por teléfono, colgar y al minuto volverte a llamar por lo mismo. Le daba muchas vueltas a todo y como dije antes se fió de mi y me convertí en su confidente. Especialmente cuando se fue a la Sexta, nos contábamos muchas cosas y pasábamos horas al teléfono.

  • ¿Su mejor anécdota con él?

Tengo muchas porque me preguntan por ellas y voy recordando algunas muy buenas pero sin duda la mejor fue en Chicago en una de las finales de la NBA. Nos fuimos a tomar unas copas a los bares de música en directo y unas señoritas nos sacaron a bailar. Él no quiso y yo sí que bailé. Cuando volvíamos al hotel le pregunté por su negativa y me dijo que era inválido y no podía relacionarse con las señoritas. ¡Ostras! ¿Inválido? ¿Disfunción eréctil? ¿Inválido de qué? Pasados los kilómetros y casi llegando al hotel, me explicó que él era ante esas señoritas un inválido, porque no hablaba inglés y estaba muy en desventaja (risas). Imagínate las carcajadas mías. Yo pensaba que tenía problemas de coordinación o yo que sé y resulta que no bailó porque no podía hablar con ellas. Un genio, eso es lo que era Andrés Montes.

  • Sus narraciones con Guille Giménez, ¿recuerdan a las de aquellas con Montes?

Lo que pasa es lo siguiente. Guille ha encontrado un estilo con vasos comunicantes con el estilo Montes. Es un vínculo que a la gente le evoca épocas pasadas que en el ámbito de la noche es probable que se repitan situaciones parecidas.

  • ¿Qué aportó Montes a la narración deportiva, más allá de los motes?

A él le salía un estilo de ADN de sus antepasados que él no reconocía ni quería reconocer. Arriesgaba con un estilo diferente a los más clásicos de la narración y además defendía a capa y espada su narración y su estilo. Tenía un estilo muy de toda Hispanoamérica por su pasado. En aquellos años aún no se sabían algunos detalles de los tiempos actuales que son de márketing y de youtubers. La repetición de algunas frases para que el oyente se quedara con esa reiteración que al final hacen marca. Ahora los jóvenes en Youtube inician sus videos con una frase, a la mitad sueltan otra y terminan con las mismas frase o palabras todos sus videos. Pues eso ya lo hacía Montes hace diez años y eso funcionaba.

Otra cosa que para mí es también de su genialidad es levantar el registro de su voz. Ahora cuando entra la publicidad en los canales el tono elevado del volumen te hace prestarle más atención a la televisión y eso lo hacía Andrés a las tres de la madrugada, que cuando estábamos susurrando jugadas, de golpe, gritaba y todo el mundo se despertaba. Era natural al hacerlo pero era algo que Montes aportó.

  • Usted tendría también un mote suyo, ¿no?

Sí. Yo era ‘A…Daimiel, La crónica en rosa de la NBA’. Le gustaron mis aportaciones sobre la vida en la sociedad y en la vida de los jugadores.

  • ¿Harás algo especial en este aniversario?

No especialmente. Yo le recuerdo siempre y a todas horas. En el programa de  Generación NBA de Movistar+ haremos un poco más con cosas incluso inéditas de Andrés Montes.

  • ¿Llora acordándose de él?

No. Bueno, llorar no pero a veces me acuerdo del día de su muerte porque aunque él decía que se moriría joven, nos dejó helados. Yo me estaba duchando y sonó el teléfono y pensé que sería él para hablar pero la llamada era para decirme que había muerto. Si recuerdo ese momento si que me entristece mucho y me estruja el corazón.

  • ¿Cuántas veces ha vuelto a narrar partidos a su lado y en sueños?

De manera inconsciente si que reconozco que a veces busco algo de cómo él lo haría. Pero no he narrado partidos a su lado aunque te voy a contar algo que es la repera y que no sabes la ilusión que me haría. ¡Me vuelve loco la idea! Me juraron y perjuraron que hay un grupo trabajando para que los dos podamos volver a narrar un partido de la NBA en directo y con un mínimo desfase nada más. Están perfeccionando la técnica para poder hacerlo en un futuro muy cercano.

¿Has visto los videos de cantantes fallecidos cantando con otros o con sus hijos? Pues eso pero mucho más perfeccionado. Va más allá y además en directo nombrando a jugadores que él jamás había nombrado como por ejemplo Antetokounmpo… ¿Te lo imaginas? Estoy deseando que lo podamos hacer, sería el mejor homenaje a un amigo.

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