Fernando Alonso cambia el paradigma del piloto moderno

Fernando Alonso celebra su victoria con Toyota en las 6 horas de Spa.
Fernando Alonso celebra su victoria con Toyota en las 6 horas de Spa.
EFE

Fernando Alonso volvió a saborear el champán de campeón de una carrera de un Mundial de la FIA casi cinco años después. Le ha costado varios disgustos, noches sin dormir, varios accidentes graves y muchos caminos embarrados colocarse en una posición de poder frente a otros pilotos.

Y es que Alonso, probablemente, no consiga convertirse en el mejor piloto de la historia de la Fórmula 1, al menos en títulos. Es prácticamente seguro que no va a igualar los siete mundiales de Michael Schumacher, pero también lo es que ya ha escrito su nombre en letras de oro de la hsitoria del automovilismo moderno. No es fácil convertirse en un referente para una generación. Chicos más jóvenes que él, empezando por Lando Norris que está llamado a ser su sustituto en McLaren, han admitido que de Alonso no sólo les llama la atención sus actuaciones en la pista, sino su carácter competitivo sin igual.

La Triple Corona (ganar el GP de Mónaco, las 500 millas de Indianápolis y las 24 horas de Le Mans) empezó como una anécdota y ahora es un objetivo que más de un piloto se está planteando. Antes que Alonso lo puede lograr Juan Pablo Montoya, que ya ha ganado Mónaco e Indianápolis, pero quien ha abierto la veda de tenerlo en mente fue Alonso. Lo decía cuando anunció su marcha a Estados Unidos, a aquella aventura que no salió bien, pero que le confirmó como el primer gran aventurero de la actual parrilla moderna de la Fórmula 1: quiere dejar su huella en la historia de los deporte de motor. Es la gran evolución, y posiblemente la gran aportación, que ha hecho Alonso al automovilismo: demostrar que, como antaño, no hace falta centrarse en la Fórmula 1.

A diferencia de lo que hizo en Indianápolis, Alonso está en condiciones de ganar en Le Mans. Es más: la sorpresa sería que no lo hiciera. La comunión que ha obtenido con Toyota es casi perfecta, ha conocido a una nueva familia que le ha abierto sus puertas y que está dispuesta, como demostraron en Spa, a inclinar la balanza a su favor si es necesario.

La historia reciente ya dictó que ganar en el trazado de La Sarthe no es nada sencillo, y que hasta la meta nadie debe celebrar nada. En Toyota lo saben mejor que nadie, y el doloroso recuerdo de 2016, cuando Kazuki Nakajima gritaba "no power, no power" a seis minutos del final está muy presente. El año pasado una serie de catastróficas desdichas les apartó, y eso que llevaban tres coches, de la victoria. Parece que a la tercera irá la vencida, aunque para ello haya tenido que llegar un Alonso dispuesto a renunciar a lo que sea por su sueño de ganar Le Mans. No se sabe si ganará o no, pero los mimbres están más y mejor tejidos que nunca para lograrlo.

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