El potencial camino de Nadal a la final de Wimbledon se libra de piedras: derrotas inesperadas y el covid le facilitan el torneo

Rafa Nadal, en Wimbledon.
Rafa Nadal, en Wimbledon.
EFE

Rafa Nadal llega a Wimbledon después de haber logrado la machada de ganar los dos primeros Grand Slams del año: Open de Australia y Roland Garros. Lo hizo, además, con el dolor permanente de una lesión crónica que sufre en el pie izquierdo, por lo que queda claro que de sacrificios y grandes gestas, el balear sabe un rato.

Pero es que además, en la presente edición del grande de la hierba londinense, parece que se están alineando los planetas para que el camino de Nadal hacia una hipotética final sea un poco menos difíciles.

El sorteo de Wimbledon, torneo que se le resiste a Nadal desde 2010, le colocó en el lado opuesto de Novak Djokovic en el cuadro, por lo que el 'jefe final del juego' aparecería en el momento que le corresponde.

Pero, pese a evitar al serbio, se le colocaban en el horizonte potenciales rivales que podían suponerle un quebradero de cabeza en una superficie que no es la suya.

Sin embargo, este martes saltó la sorpresa cuando el canadiense Auger-Aliassime, pupilo de Toni Nadal, caía a las primeras de cambio ante Cressy, estadounidense de 25 años que llega con muchas ganas al verde británico. 

Se le abre, por tanto, una posibilidad extraordinaria a Nadal para intentar llegar lo más lejos posible en un Wimbledon del que se han caído también Berrettini y Cilic, por positivo en covid.

De los teóricos rivales del 22 veces campeón de Grand Slam en el camino a la final, sólo Sonego, a quien, si todo va como se intuye, se medirá en tercera ronda, continúa vivo. Querrey también cayó y el jueves Nadal se las verá con su verdugo Berankis. 

Si, por norma general, hay que creer sí o sí en que Nadal pueda hacer algo grande hasta en las ocasiones más desfavorables, nada impide soñar con que el balear esté en la central del All England's Club el próximo 10 de julio. 

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