El plan de Nadal para evitar el dolor en Wimbledon: entrenamientos dosificados y desconexión jugando al parchís

Nadal, entrenando en Wimbledon.
Nadal, entrenando en Wimbledon.
EFE

Rafa Nadal tiene un plan: no dejar que su lesión le amargue Wimbledon. Con ese objetivo, el balear lleva ya una semana en Londres para preparar el Grand Slam de hierba, midiendo con minucioso mimo los tiempos para hallar el equilibrio entre ejercitarse y llegar en forma y excederse en la exposición de su pie izquierdo al sobreesfuerzo. 

El síndrome de Muller-Weiss que sufre y que le obligó a disputar Roland Garros con la extremidad completamente dormida ha obligado a Nadal y a su equipo a buscar soluciones para no volver a pasar por lo mismo en el tercer grande del año.

Las inyecciones de radiofrecuencia a las que se ha sometido en los últimos días con la meta de desinhibir los nervios del pie han funcionado y el balear ha pasado de caminar en muletas a mostrar un buen estado de forma y de juego en la reciente exhibición de Hurlingham, antesala de Wimbledon.

Nadal, que se ha entrenado en la central del All England's Club por primera vez en la historia del torneo, ha sido escrupuloso a la hora de marcarse sus horarios en los días que lleva en la hierba británica.

Este fin de semana y a dos días de su debut ante Francisco Cerúndolo el próximo martes, cambió de planes sobre la marcha cuando su entrenamiento se pasó del tiempo previsto.

Dosificar las sesiones de trabajo es uno de los puntos esenciales del plan que su equipo técnico, liderado por Carlos Moyá, y su equipo médico, liderado por el doctor Ángel Cotorro, tienen trazado para soñar con levantar el que sería para Nadal su tercero de tres grandes en lo que va de año y el número 23 de su carrera.

Parchís y descanso, puntos innegociables

En ese equilibrio que el equipo de Nadal busca en los días previos a Wimbledon y también una vez que se suba el telón del grande británico hay otras dos normas que no pueden dejarse pasar y han de cumplirse a rajatabla: descanso y desconexión.

El balear y su séquito tienen alquilada una casa en las inmediaciones del complejo de Wimbledon, como acostumbran, y en ese cuartel general pasan la gran mayoría de las horas en las que no están en pleno entrenamiento.

El parchís es el pasatiempo favorito de todos y así se entretienen hasta que llega la hora de marcharse a descansar y, al día siguiente, vuelta a empezar.

Nadal es consciente de que en estos últimos años de su carrera deportiva ha de hacer especial hincapié en cuidarse de la lesión de la que no puede desprenderse y poner todos los medios para lograr ganar sin que el dolor se interponga en su camino. 

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