Miedo a la afición, a los compañeros y a la pérdida de patrocinadores, ¿por qué los deportistas no salen del armario?

El waterpolista Víctor Gutiérrez (izq.) y el judoka Marc Fortuny son dos de los pocos casos de deportistas profesionales españoles que han hecho pública su homosexualidad.
El waterpolista Víctor Gutiérrez (izq.) y el judoka Marc Fortuny son dos de los pocos casos de deportistas profesionales españoles que han hecho pública su homosexualidad.
CEDIDA

El campeonato de España de judo estaba a punto de comenzar y a Marc Fortuny le invadía un sentimiento contradictorio. A sus 23 años y tras haber sido campeón junior de España y haber logrado un bronce en categoría absoluta, este podía ser el punto de inflexión de su carrera. Pero algo dentro de él no quería ganar el campeonato.

En realidad ya había decidido que quería dejar de competir. Unos meses después, tras lograr la medalla de bronce, Fortuny abandonó el judo y volvió a su Sabadell natal.

"No sabía exactamente qué es lo que me pasaba, pero había algo que no iba del todo bien, mi carrera deportiva se vio afectada porque yo estaba haciendo una lucha interna al mismo tiempo y llegó un punto que yo ya no podía dar lo mejor de mí mismo, porque, si no te aceptas y no estás bien contigo mismo, ¿Cómo vas a estar dando el 100%?", recuerda Fortuny, siete años después.

"Con los años he visto que el motivo principal por el que lo dejé fue porque no era compatible el hecho de aceptar mi homosexualidad y ser deportista de élite y de moverme en el entorno en el que me movía", añade el exjudoka profesional, que ahora trabaja como entrenador personal.

"No sabía exactamente qué es lo que me pasaba, pero había algo que no iba del todo bien, mi carrera deportiva se vio afectada porque yo estaba haciendo una lucha interna al mismo tiempo"

La decisión no fue fácilmente entendible en su entorno, nadie conocía su situación personal. Salió del armario con sus mejores amigos, pero nadie vinculado al mundo del judo. El entorno en el que había estado casi totalmente inmerso durante los últimos años no era, a pesar de todo, un entorno de seguridad.

"Lo curioso es esto, al final, donde pasé más tiempo era el sitio donde tardé más en aceptarlo, en decirlo y no sentirme juzgado o tener miedo de lo que la gente pensara. Es curioso, era lo que más me identificaba, pero…".

Un espacio heterosexual

El mundo del deporte profesional masculino, especialmente en las disciplinas que movilizan a un mayor número de aficionados, sigue siendo un espacio esencialmente heterosexual, al menos de puertas para afuera.

El inglés Justin Fashanu se convirtió en el primer jugador de fútbol de alto nivel en salir del armario en 1990, lo que le convirtió durante años en el blanco de los insultos desde la grada y protagonista incómodo de algunos chistes maliciosos por parte de compañeros a medida que su carrera iba decayendo.

Acabó suicidándose ocho años después tras ser acusado de violación por un joven de 17 años en Estados Unidos. Desde la salida del armario de Fashanu, prácticamente ningún compañero se ha atrevido a seguir sus pasos. Ningún futbolista o jugador de baloncesto de las máximas divisiones españolas lo ha hecho nunca.

Con todo, no se puede decir que no haya habido avances en los últimos años en otros deportes. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 participaron 11.700 deportistas, de ellos 179 eran LGBTI visibles, casi el triple que en Río 2016, según la revista especializada Out Sports.

Una "doble vida"

Conocemos a Víctor Gutiérrez, waterpolista y defensor de los derechos LGTBI en el deporte

El waterpolista Víctor Gutiérrez se convirtió en 2016 en el primer deportista español de una disciplina por equipos en salir del armario. Su imagen apareció en la revista Shangay junto a una cita: "Espero que mi salida del armario sirva para romper un tabú dentro del deporte".

"Comprendí que vivía una situación privilegiada y que yo no había luchado por ella, sino que otra generación anterior a mí se había sacrificado mucho para que yo tuviera una vida más fácil por lo que yo también tenía parte de responsabilidad en hacer las cosas para los demás un poquito más fácil", declara Gutiérrez, que ahora tiene 31 años, sigue en activo y es, desde hace ocho meses, secretario de políticas LGTBI del PSOE.

Al contrario que Fortuny, Gutiérrez sí que se sintió cómodo en su entorno deportivo para salir del armario. A los 17 años, un compañero de equipo se convirtió en la primera persona con la que habló abiertamente de su orientación sexual. Su reacción, afirmar que seguirían siendo mejores amigos, le llenó de confianza para seguir contándolo a otros compañeros.

"Luego sí que se produjo una etapa en la que volví un poco atrás cuando salí del centro de alto rendimiento y fiche por el Canoe y me hice profesional. Me daba mucho miedo que se truncara mi sueño porque mis compañeros vieran quién era", recuerda Gutiérrez, que describe esos años como de "doble vida, de avanzar y seguir también escondido".

"Comprendí que vivía una situación privilegiada y que yo no había luchado por ella, sino que otra generación anterior a mí se había sacrificado mucho para que yo tuviera una vida más fácil"

Normalizar los insultos

A pesar de todo, su salida del armario no le ha impedido tener una carrera exitosa en la que apenas ha habido puntos oscuros a causa de su homosexualidad. EN 2021, Gutiérrez denunció en sus redes sociales que un jugador rival, el serbio Nemanja Ubovic, le había llamado “maricón” en dos ocasiones durante un partido. A raíz de su denuncia, Ubovic fue sancionado con cuatro partidos.

"Al final uno lo normaliza porque lleva oyendo esa palabra toda la vida", declara Gutiérrez. "Pero, no sé por qué, ese me afectó, hacía mucho que no escuchaba esa palabra, que no me atacaban en mi espacio y comprendí que no tenía que normalizar ni justificar ese tipo de comportamientos. Por eso decidí denunciarlo públicamente y me convertí en el protagonista involuntario de la primera sanción por homofobia en el deporte en España".

El miedo precisamente a verse como protagonista involuntario de un episodio como este es uno de los motivos por los que, según admite el propio Gutiérrez, casi ningún deportista profesional homosexual se atreve a salir públicamente del armario.

"Sigue costando porque hay mucho miedo al rechazo de tus compañeros en primer lugar. Luego también, efectivamente, hay deportes en los que las gradas influyen mucho, sobre todo en el fútbol. Y luego en disciplinas más pequeñas hay miedo a la marcha de los patrocinadores de los que muchos deportistas dependen para poder dedicarse íntegramente a ello".

"Hacía mucho que no escuchaba esa palabra, que no me atacaban en mi espacio, y comprendí que no tenía que normalizar ni justificar ese tipo de comportamientos"

Falta de compromiso de los clubes

La cultura que rodea al deporte, con la exaltación de la virilidad, la fuerza y la masculinidad heteropatriarcal, claramente no ayudan a que la diversidad sexual se normalice en la misma medida en la que ya lo está en el resto de la sociedad. Los clubes y empresas deportivas tampoco parecen tener el mismo nivel de implicación en que las cosas cambien que las empresas de otros sectores.

Óscar Muñoz es el codirector general de la Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión LGBTI (REDI), una asociación sin ánimo de lucro que asesora a empresas desde hace cuatro años para ayudarlas a crear espacios de trabajo respetuosos, inclusivos y seguros para que las personas del colectivo LGTBI puedan desarrollarse profesionalmente sin miedo a prejuicios o estereotipos.

"Hemos avanzado mucho con las empresas, hemos crecido de 11 a 160 empresas en los últimos cuatro años y, hace unos meses, nos preguntamos por qué estábamos creciendo en algunos sectores que son muy conservadores como el legal o la banca, pero no en el mundo del deporte", declara Muñoz, que admite que aún no han conseguido trabajar con un solo club o empresa deportiva.

"No se ha dado el paso todavía de formar a los clubes deportivos en diversidad e igualdad para que se erradique todo tipo de discriminación"

Según indica Muñoz, solo cuatro de cada diez personas LGTBI se atreven a contarlo hoy en día en su trabajo. Un dato que puede resultar llamativo, pero que es ampliamente empeorado si hablamos de empresas y clubes deportivos. Para Muñoz, la clave está en la formación y la posterior exteriorización de los avances.

"No se ha dado el paso todavía de formar a los clubes deportivos en diversidad e igualdad para que se erradique todo tipo de discriminación", señala Muñoz. "Una vez que trabajamos dentro de una empresa les pedimos que lo exterioricen, ahí es cuando en el Orgullo hay que poner la bandera. Los clubes de fútbol tienen una enorme visibilidad a nivel mundial. ¿Por qué no lo están haciendo con la gran capacidad que tendrían de mejorar la sociedad?".

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