El plan del COI para salvar los Juegos Olímpicos de Tokio

Un delegado pasa por delante de los anillos olímpicos antes de la inauguración del 127 Sesión del COI, en Mónaco, el lunes 8 de diciembre de 2014.
Un delegado pasa por delante de los anillos olímpicos
SEBASTIEN NOGIER / EFE

El Comité Olímpico Internacional se niega a cancelar los Juegos Olímpicos de Tokio. Tras varios años de trabajo en el país nipón, la pandemia puso en jaque la celebración de la cita a pocos meses de la inauguración del evento, obligando a aplazarlo un año con la esperanza de que para ese entonces la situación haya vuelto a la normalidad.

Casi un año después de que el mundo colapsase por la crisis sanitaria, los organizadores de los Juegos ven cómo la situación es incluso peor en cuanto al ritmo de contagios, pese a que la ansiada vacuna ya ha empezado a inmunizar a la población, eso sí, con un cadencia más baja de la esperada.

De ese modo, ya van surgiendo todo tipo de suposiciones de qué pasará con un evento que lleva prácticamente un año listo dar el pistoletazo de salida. Desde el COI lo tienen claro: habrá JJ OO el próximo verano. Y por eso mismo, ya han puesto en marcha toda la maquinaria intelectual y física para que esto sea posible de la manera más segura.

Así, el formato que más convence a los líderes de este 'cónclave olímpico' es el de una burbuja, que hecha en condiciones ha mostrado su efectividad, como ocurriera el pasado verano con la NBA que no registró ningún positivo en ese tiempo, o como está sucediendo en estos momentos en el Mundial de Balonmano. Con el temor de que el tiro les salga por la culata, como parece estar sucediendo con el Open de Australia, objetivo de las críticas de los tenistas, ya se trabaja para hacer posible esta burbuja gigante.

Pese a que el funcionamiento y las limitaciones de esta burbuja todavía no se han esclarecido, todo apunta a que incluirán a lo que desde el COI se refieren como 'familia olímpica', incluyendo deportistas, entrenadores, árbitros, directivos y periodistas, sumando un total de 40.000 acreditados. 

Eso mismo aseguró el director adjunto del Comité, Pere Miró, que también advirtió que la experiencia olímpica no sería al 100%, al no poder exprimir la experiencia de la Villa Olímpica. "Los atletas no van a estar todo el tiempo en la villa. Llegarán y se marcharán", desveló.

El dilema de la vacuna

Otro de los temas más relevantes con respecto a la celebración de los Juegos es la vacuna, desde las restricciones que pueda poner Japón para acceder al país en verano hasta el dilema de la obligatoriedad de la inmunización para los participantes en la cita. "La manera en que se está desarrollando la vacunación varía de un país a otro", apunta Miró.

"Nos preguntamos hasta qué punto podemos obligar a que los deportistas y los miembros de la familia olímpica se vacunen, hasta qué punto jurídicamente, e incluso éticamente, es posible", añade el directivo olímpico.

Al respecto de este tema, también habló recientemente el vicepresidente del COI, Juan Antonio Samaranch, reiterando la incertidumbre sobre estos procesos. "Tenemos la esperanza de que las vacunas vayan acelerándose y llegando a todas las partes del mundo para que podamos tener a la mayor parte de las delegaciones vacunadas para los Juegos, no sólo por ellos sino por la tranquilidad que debemos dar a Tokio y Japón", señaló.

De todos modos, la organización ya trabaja paralelamente en un plan por si fallase la vacunación completa, un protocolo muy estricto con un seguimiento constante a todos los que formen parte del entramado olímpico.

El público y las pérdidas

Otro de los temas candentes por el que ninguna de las partes se ha atrevido a mojarse es el público. Lo único que parece estar claro es que las gradas no podrán llenarse, pero se buscará la posibilidad de que al menos los pabellones y estadios puedan tener un porcentaje de público, como ya ocurre en algunos deportes.

Un estudio de la Universidad de Kansai ha desvelado que, de celebrarse a puerta cerrada, las pérdidas directas superarían los 3.000 millones de euros, alcanzando la escalofriante cifra de los 19.000 millones si se tiene en cuenta la influencia en el turismo, eventos culturales y demás, relacionados con el evento.

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