Grosjean vio "la muerte de cerca" y su hijo cree que tiene poderes mágicos: "Habrá que hacer trabajo psicológico"

Romain Grosjean, con las manos vendadas
Romain Grosjean, con las manos vendadas
IG @RomainGrosjean
Romain Grosjean sufrió un brutal accidente en las primeras vueltas del GP de Bahréin, en el que su coche salió ardiendo y acabó empotrado en el guardarraíl.

El terrible accidente que sufrió Romain Grosjean en Bahréin es, según sus propias palabras, el peor que ha sufrido en toda su vida. "No sé si la palabra milagro es la adecuada, pero en cualquier caso diría que no era mi momento", admite desde el hospital donde está ingresado en su primera entrevista, al canal TF1. Pese a las reticencias pasadas, insistió en que "sin el halo", no sabe dónde estaría, y rememoró al malogrado Jules Bianchi. "No me quería allí".

El francés asegura que esos 28 segundos que estuvo preso de las llamas le parecieron muchos más. "Vi que mi visera se volvía naranja, y las llamas en el lado izquierdo del coche. Me pasaron muchas cosas por la cabeza, incluido Niki Lauda (el alemán sufrió sus quemaduras en un accidente en Nürburgring en 1976, cuando estuvo a punto de morir), y pensé que no era posible terminar así, no ahora. No podría terminar mi historia en la Fórmula 1 así", relata, antes de contar el momento exacto en el que sacó fuerzas de flaqueza en semejante momento. 

"Pensé que no era posible terminar así, no ahora. No podría terminar mi historia en la Fórmula 1 así"

“Y luego, por mis hijos, me dije a mí mismo que tenía que salir. Puse las manos en el fuego, así que claramente sentí cómo ardía el chasis. Salí, y luego sentí que alguien me tiraba del mono, así que supe que estaba fuera", cuenta.

Precisamente sus hijos, especialmente el más pequeño de 5 años, lo ha asumido de una manera muy especial. "Simon cree que tengo poderes mágicos y que un escudo de amor me protege", confiesa, emocionado. "Son palabras muy fuertes de un niño. Sacha, el mayor, que tiene 7 años, es más racional e intenta entenderlo. El pequeño me ha hecho un dibujo: 'para las heridas de papá'", cuenta.

El mayor problema ahora es las secuelas que le vaya a dejar este accidente. No tanto físicas, ya que afortunadamente para él van a ser sólo algunas cicatrices en las manos, sino mentales. De hecho, él le saca humor y todo. "Estoy muy bien dada la gravedad del accidente, a pesar de estas manos de Mickey Mouse. Impresiona, pero es puedo mover bien los dedos" señala.

"No perdí el conocimiento. Para levantarme del asiento, pude quitarme el cinturón de seguridad y el volante ya no estaba allí, probablemente voló durante el impacto", recuerda, y le vino a la cabeza lo primero y más importante para él: su familia.

"Tenía más miedo por mi familia y amigos, obviamente por mis hijos, que son mi mayor fuente de orgullo y energía, que por mí al final", admite el piloto de Haas, que no oculta el terror que pasó. "Creo que habrá que hacer algo de trabajo psicológico, porque realmente vi de cerca la muerte. Incluso en Hollywood, no pueden hacer imágenes como esa. Es el accidente más grande que he visto en mi vida", asegura el galo.

Grosjean tiene en mente volver en Abu Dabi para la última carrera de la temporada y, con total probabilidad, última de su carrera en Fórmula 1. Haas anunció hace unas semanas que no renovaría a sus actuales pilotos y ya ha confirmado que el ruso Nikita Mazepin será uno de sus corredores. Se espera que el otro sea Mick Schumacher, que este fin de semana buscará el título de F2.

Mientras, se lo toma con filosofía. Desde el hospital intenta mantenerse en forma. "Nunca pensé que unas cuantas sentadillas con el peso corporal me harían feliz. El cuerpo recuperándose bien del impacto. Ojalá ocurriera lo mismo con las quemaduras en mis manos. Gracias nuevamente a todos por los mensajes. PD: todavía soy muy lento escribiendo", ha escrito en sus redes.

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