Hamilton gana el GP de Gran Bretaña con el coche pinchado; Bottas pierde el podio y Sainz el 5º puesto por lo mismo

Lewis Hamilton, en el GP de Gran Bretaña
Lewis Hamilton, en el GP de Gran Bretaña
LAT Images / Mercedes AMG F1

La victoria más surrealista de Lewis Hamilton llegó en Silverstone. El control absoluto de Mercedes, equipo que había ganado aquí en seis de las últimas siete ediciones, saltó por los aires a falta de dos vueltas, cuando Valtteri Bottas, que había ido cómodo detrás durante toda la carrera, sufrió un reventón que le hizo perder la segunda posición que tenía asegurada.

Inmediatamente después, Carlos Sainz también pinchó cuando iba en 5ª posición, y aún con el susto en el cuerpo le ocurrió lo mismo a Hamilton. El hexacampeón sostuvo la victoria gracias a que la suerte se alió con él: Max Verstappen había entrado en boxes para intentar la vuelta rápida.

Con Hamilton entrando en meta con una rueda pinchada y echando chispas, Verstappen apretando los dientes pero sin llegar y Charles Leclerc completando un inesperado podio acabó un GP de Gran Bretaña que fue mucho más movido al final que al principio.

Con el mal cuerpo que dejó el tempranero abandono de Hülkenberg, que vio cómo su regreso a la competición se quedaba en boxes, en la salida hubo dos grandes protagonistas, que además serán compañeros en 2021: Charles Leclerc y Carlos Sainz.

El monegasco, que salía 4º, se bregó con fuerza con su viejo enemigo Verstappen, que era 3º en parrilla, y aunque llegó a estar por delante de él, su pelea benefició a los que venían detrás. Ahí fue donde Sainz dio el 'do' de pecho, primero quitándose de encima a Lance Stroll con el Racing Point superviviente, y después a su actual compañero Lando Norris con un magistral adelantamiento por fuera, que le permitió colocarse 5º.

La frenética salida quedó cortada en la curva de entrada a meta. Alex Albon, que cada vez da menos argumentos para llevar un Red Bull, cerró a Kevin Magnussen cuando estaban luchando por posición, y el danés de Haas acabó en la puzolana con el coche roto. El coche de seguridad propició unas cuantas vueltas de calma.

No fue el único incidente de la carrera, ni mucho menos. En la vuelta 13, a la entrada de las curvas enlazadas, Daniil Kvyat sufrió un fuerte accidente que destrozó el AlphaTauri

El piloto ruso salió indemne, pero no así su monoplaza, lo que hizo que muchos eligieran entrar en boxes. La idea le salió bien a medias a Sainz, ya que no ganó posición en el juego de estrategias, pero sólo perdió una inicialmente dado que Romain Grosjean no había entrado a cambiar neumáticos.

El francés de Haas se convirtió en un hueso mucho más duro de pelar de lo previsto. De hecho, rozó la ilegalidad cuando se estaba defendiendo de Sainz por el 5º puesto, lo que le costó una bandera negra y blanca, que a efectos prácticos no tiene consecuencias... pero que es un aviso. 

El equivalente a una tarjeta amarilla en el fútbol, por la que aún tuvo la desvergüenza de quejarse, y aún repitió este tipo de actitudes cuando hizo lo mismo sobre Daniel Ricciardo.

Por delante la acción fue mucho menos caótica. Hamilton y Bottas empezaron una lucha entre ellos por ver quién hacía la vuelta rápida, mientras que el tercer clasificado, Verstappen, se aburría tanto que fue él quien avisó a su ingeniero de que no se olvidara de beber.

Ahí entró en juego el factor neumáticos.

Tres pinchazos en dos vueltas

Todo estaba abocado a un final esperado, pero a falta de dos vueltas para el final, primer golpe de guión. El neumático delantero izquierdo de Bottas, que ya lucía una línea muestra del 'blistering' desde hacía varios giros, reventaba. 

Adiós al segundo puesto del finlandés y al doblete de Mercedes, y cuando todas las miradas se iban al líder, que padecía los mismos problemas fue el de Carlos Sainz, 5º, el que hizo saltar de la silla a los presentes. Lo mismo: neumático delantero izquierdo.

El trébol lo puso Hamilton, pero con él se alió la suerte del campeón: Verstappen había entrado en boxes mientras le reventaba el mismo neumático que a Bottas y a Sainz. Ahí fue donde tuvo que echarle redaños para llegar a meta con el coche pinchado. El grito de alegría que pegó fue de lo más explícito.

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