Ángel López: "En el hospital he visto una respuesta ejemplar, pero la gestión del Gobierno ha sido un desastre absoluto"

El excapitán de la selección española de rugby, en su otro oficio.
El excapitán de la selección española de rugby, en su otro oficio.
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Ángel López (Madrid, 1992) es una de las caras conocidas del deporte español que combate el coronavirus desde la trinchera. El excapitán de la selección española de rugby que compitió en los Juegos de Río 2016 siguió con la tradición familiar (sus padres y su hermana son médicos) y cambió el balón oval por la bata blanca hace tres años.

Por ello, es uno de los 'afortunados' que sale de casa prácticamente a diario para ir al trabajo, lo que agradece "porque no puedo estar quieto, el confinamiento no me ha ayudado en ese sentido".

López ha vivido en sus propias carnes la dureza del COVID-19 y, aunque el panorama mejora para él tanto en el plano profesional como en el personal, no esconde que la propagación de la pandemia ha mostrado las vergüenzas de las autoridades españolas ante una situación que cataloga como un "desastre total".

Antes que nada, ¿todos bien en casa?

Ahora sí... pero lo hemos pillado todos. Mi padre estuvo mal e ingresado una semana, pero ya le dieron el alta y está bien, cogiendo fuerza. Mi hermana tuvo anosmia, le dio la PCR positiva. Mi madre también estuvo con anosmia y yo tuve un poco de dolor de cabeza en la misma época, aunque no me llegaron a hacer la prueba y no sé si lo he tenido.

Días de mucha tensión, supongo.

Estuve muy nervioso hasta que mi padre volvió a casa, porque imagínate: con tu padre ingresado, sin poder ir a verle... aunque es joven y está sano. Te da mucho miedo. Mi padre es super valiente y el virus le dejó amedrentado, hecho polvo, porque es una enfermedad muy dura y muy larga.

¿Cómo vivió la llegada del COVID-19 a España?

Antes de que empezara todo estábamos preparando lo que se venía. Lo primero fue, sobre todo, hacer labores de gestión de oftalmología, mi especialidad, porque se iban a suspender todas las consultas y quirófanos. Luego, cuando llegó el desastre total, tuvimos que incorporarnos a las plantas de los pacientes con coronavirus, porque el hospital se volvió un monográfico del virus. Yo estuve una semana ayudando en una planta hasta que se pusieron malos en mi casa y me tuve que aislar durante dos semanas.

¿Qué sintió cuando el sistema sanitario comenzó a colapsarse?

Antes de mi aislamiento, en los peores momentos que yo viví, la sensación desde las plantas de ingresos era de control, aunque había dos problemas fundamentales: llegaba muchísima gente a urgencias y ningún hospital tenía la infraestructuras -ni camas, ni las pruebas de rayos, ni las analíticas- para abarcar a tanta gente que entraba. El otro embudo se creó porque había que ver cuántos de los pacientes ingresados podían ir a la UVI. El primer embudo se pasó hace un par de semanas y el de la UVI está mejor. De hecho hay pacientes muy mayores que cuando yo estaba trabajando en la planta de coronavirus no tenían criterios de entrar en la UVI. Tuvo que hacerse así, que en función de la edad o las patologías se determinaba si un paciente iba a la UVI o no.

Vamos mejorando...

Ahora hay incluso algunos pacientes de más de 90 años que tienen criterios de poder recibir cierto soporte ventilatorio, lo que era impensable cuando estaba ahí hace tres semanas. Además, se está agilizando todo y se han dado muchas altas, aunque no olvidamos que también ha muerto mucha gente. Los oftalmólogos ya no hacemos falta en las plantas de coronavirus y estamos volviendo a hacer cosas de oftalmología... que puede parecer una especialidad secundaria o que no es cosa de muertes, pero hay gente que se queda ciega y no podemos olvidarnos de ellos. Una de las cosas que estamos notando es el agradecimiento de la gente por las consultas telefónicas que estamos haciendo de oftalmología, llego a hacer 70 llamadas en un día. No estamos operando porque la mayoría de cirugías no son urgentes, pero a la gente hay que ir atendiéndola porque esto es un drama sanitario generalizado. Piensas en los pacientes del coronavirus pero todas las especialidades tiene una razón de ser.

¿Cómo ha sido la respuesta de la sanidad española?

Yo he vivido una respuesta ejemplar de la gente del hospital. Oftalmología es probablemente una de las especialidades menos médicas, pero todos dijimos desde el principio que estábamos dispuestos a ir donde fuera. El hospital estableció que los médicos mayores de 55 años no debían asumir labores de coronavirus por el riesgo que supone para ellos, pero aún y todo esa gente se ha dispuesto y ha encontrado un trabajo para ayudar en el hospital. Lo mismo con todas las auxiliares y enfermeras. Todos hemos aportado lo que hemos podido, estábamos pidiendo hacer algo desde que empezó la crisis, porque al principio te sientes muy inútil hasta que te ubican en un sitio.

Ha hablado de "desastre total" y "drama sanitario".

La gestión de la sanidad al nivel más alto, la del Gobierno, creo que ha sido un desastre absoluto. En España no se ha estado a la altura y no hay que buscar excusas. No nos podemos excusar en que otros países están muy mal. Lo de Inglaterra y Boris Johnson ha sido un desastre. EE UU y Trump, otro desastre. Pero no nos tenemos que perdonar nuestro desastre por el de los demás, porque hay países que están bien, como Alemania, Grecia, Portugal... Además, lo nuestro ha sido un desastre tras otro: el tema de las mascarillas, los tests, la negación, ignorar la información que nos venía de la OMS, la que venía de Italia, ignorar el potencial daño del virus por lo que se estaba viendo en China. ¿Para qué queremos unos gobernantes? ¿Para que nos concedan caprichos o para que nos cuiden cuando hay un problema real, como una crisis económica o una crisis sanitaria?

(...)

Está claro que no han estado a la altura, es algo objetivo. Tenemos muchísimos muertos, la mayor tasas de muertos por millón de habitantes, por ejemplo. Y no es ser de un partido o de otro, es que no hemos estado a la altura, es que las prioridades de la política hasta ahora en España no se adecuan a los problemas reales. Estamos pagando un montón de impuestos, estamos vendidos al estado y luego, cuando hace falta, no hay dinero para pagar los ERTEs, toda la responsabilidad cae en los pobres autónomos y empresarios que dan de comer a muchas familias y deben asumir los gastos. Luego no hay dinero para lo que es real: no hay respiradores, no hay mascarillas,... tenemos que hacer autocrítica y tenemos que saber qué es lo que queremos.

¿Cree que los números se adecuan a la realidad?

Si no nos hacen test a todos y sabemos exactamente la situación del virus en cada persona es muy difícil que sepamos lo que hay. Un estudio en Estados Unidos dice que el 60% de las personas que dieron positivo en el test eran asintomáticos. Eso significa que hay muchísima gente que lo ha pasado sin tener síntomas y, también, que en España puede haber 15 millones de contagiados. No lo podemos calcular. Por ejemplo, yo he sido positivo casi seguro y no cuento entre ellos porque no me han hecho el test. Si de 45 millones detectas que son 15 los que son positivos, actúas de forma distinta que si hay un millón.

¿Eso ralentiza el proceso de desconfinamiento?

Hemos controlado la enfermedad, la pandemia, y ahora lo que hay que buscar es un plan de salida. Una hoja de ruta que pueda ser modificable, pero hay que establecer cuándo va a poder volver a trabajar la gente, cuándo vamos a poder recibir pacientes en la consulta, cuándo vamos a poder operar. Y aplicado a todos los niveles: cuándo van a abrir las tiendas, los restaurantes, de qué manera, cómo se van a hacer los tests, a quién, dónde van a estar todos los pacientes con el COVID-19... esto va a ser muy largo porque hasta que el último paciente con coronavirus no se cure va a haber un médico y una enfermera que van a estar expuestos en el hospital y pueden contagiarlo en su tiempo libre. Es una rueda muy difícil de controlar, pero hay que tomar medidas y trazar alguna salida, un plan.

¿Cree que aprenderemos a no descuidar la sanidad pública?

No. Ojalá... pero creo que no. Debemos reflexionar porque creo que a la profesión médica se le ha perdido un poco el respeto en general y debemos tener en cuenta que es una profesión importante, que no hay que degradar al médico. Por supuesto estamos encantados de ayudar, es nuestro trabajo, pero no se puede decir que 'como el médico tiene vocación, que haga lo que pueda'. Si te dijera lo que gano no te lo creerías.

¿Alguna conclusión positiva?

Espero que haya algún cambio en algún sentido, sobre todo en el enfoque de las prioridades, y valoremos cosas que antes dábamos por sentadas. Supongo que todos haremos nuestra reflexión personal pero no sé cómo quedará el mundo, que es tremendamente expansivo y consumista, en el que tenemos de todo y queremos más. No sé qué pasará porque la gente se olvida muy pronto, aunque por otra parte no habrá dinero porque mucha gente lo va a pasar muy mal. Me da mucha pena.

¿Cuál es su reflexión personal?

Al principio estaba indignado, preocupado o aburrido... pero luego se pone malo tu padre y te da igual todo. Que tu padre esté bien pasa a ser la prioridad número uno. Desde que está bien estoy mucho más tranquilo y pienso que si tengo que estar confinado tres meses para no volver a pasar una semana así otra vez, lo acepto encantado. Es un buen momento para reflexionar. Si nos ponemos un poco más filosóficos, estamos ante una manera muy acelerada de aprender.

¿Aprender qué?

Supongo que el hecho de estar confinados nos ha dado a muchos mucha perspectiva de qué es lo que de verdad nos importa. Yo he tenido la suerte de que hasta ahora nunca había tenido malo a nadie de la familia. Malo de verdad. Pero lo de mi padre me ha hecho pensar, porque soy muy competitivo, me preocupo mucho por hacer las cosas a tope y bien cada día, y cuando algo realmente importante, como es la salud de tu padre, está en juego te das cuenta de que en tu día a día sufres mucho por cosas que son una tontería. Hasta que no te pasa no eres capaz de darte cuenta, yo daba por hecho que mi padre está bien y que todos los días cuando vuelva a casa mi padre va a estar bien... hasta que se puso malo.

Le hace a uno pensar.

El confinamiento es un juicio personal muy grande, cuando te confinas te das cuenta de las cosas que tienes o que has hecho: qué familia tienes, qué has hecho por tu familia todos estos años, cómo te llevas con tu mujer, cómo te entretienes con tus hijos, qué casa tienes... cuando no te queda nada en el mundo y solo tienes el núcleo real, te sirve para saber por dónde estás llevando tus esfuerzos y por quién haces las cosas de tu día a día. Normalmente nos preocupamos más por el entorno más lejano porque damos por hecho lo que consideramos que tenemos cerca, la gente que de verdad quieres y que de verdad te quiere. Es una buena reflexión para saber por dónde encaminar los esfuerzos en el futuro.

¿Qué opina de la reacción de la sociedad, por ejemplo, con el aplauso solidario?

Es un gesto muy bonito por parte de la gente y que no solo va para los sanitarios, también para la gente que garantiza el abastecimiento, por ejemplo. Es un gesto de agradecimiento que te llega. Probablemente la gente no se imagina cómo es la vida en el hospital o a qué riesgos nos estamos enfrentando. El otro día hablé con un anestesista que estaba hecho polvo, un tío que es super echado para adelante y que estaba derrotado porque lleva un mes y pico trabajando, viendo los casos más graves, de gente muy joven con hijos pequeños que está muy mal. Algunos casos son dramáticos.

¿Es por eso que el deporte queda en un segundo plano?

Suspender las competiciones era lo más sensato a corto plazo, pero hay que pensar en su vuelta cuando sea seguro para todos. El deporte es fundamental desde hace muchísimos años y da mucho dinero. Si seguimos avanzando por el buen camino, tenemos tests para hacer a los jugadores y los equipos trabajan con cuidado, como proponía la Real Sociedad en su vuelta al trabajo, ciertas competiciones podrían volver aunque sea sin espectadores, a puerta cerrada y retransmitido. Sería un avance muy grande viendo donde estamos ahora. Lo de volver a llenar un estadio no sé cuándo va a poder ser, pero se pueden hacer cosas para que los deportistas se entrenen e ir avanzando.

Por las competiciones y por los deportistas en general, ¿no?

Hablando con el preparador físico de la selección de rugby nos decía que la gente se cree que no pasa nada por parar unas semanas, pero realmente afecta muchísimo. Por supuesto que un deportista que 'para' cinco semanas no podría ganar el oro en los Juegos si fueran este verano... pero es que a lo mejor habrá quien no pueda ganarlo ni en 2021. Hay que dar salida a eso. No hay tanta gente en España con un proyecto olímpico y no supone tanto riesgo ir al CAR de la Blume a correr. El deporte no es fundamental pero es una actividad de mínimo riesgo y se podría organizar para que la gente vaya por turnos a la pista y los gimnasios, con personal mínimo que limpie entre cada turno, por ejemplo. Hay que intentar dar normalidad al mundo poco a poco. No se pueden abrir las puertas del CSD a 40 equipos, pero hay que ir dando facilidades.

¿Qué le parece la respuesta de los deportistas para ayudar?

Los deportistas saben lo que es el valor del esfuerzo, el valor de enfrentarte a un problema y superarlo. Saben buscar la herramienta que hace falta, como cuando en una competición debes superar una situación. Desde el deporte han llegado casos muy bonitos, desde algunos punteros como Rafa Nadal, Pau Gasol o Carlos Sainz y sus importantes aportaciones económicas, hasta la gente que ayuda como puede, diseñando y/o fabricando piezas de respiradores con impresoras 3D, pasando por otros como Saúl Craviotto que trabaja con la Policía o, mismamente,Jan Frodeno, el crack de los Ironman, que se hizo uno en su casa y recaudó más de 200.000 euros para el hospital de Girona. Todos intentamos aportar nuestro granito de arena y transferir ese sentimiento colectivo del deportista de ayudar al compañero, de sacrificarse por una causa común sin mirar mucho más allá. Es muy bonito ver cómo el deporte ejemplifica los valores que queremos en la sociedad. Me parece ejemplar y me alegro mucho sinceramente que seamos los abanderados de valores positivos en la sociedad.

¿Se marca una fecha para volver a ir a ver un partido o un concierto?

Ni me he parado a pensarlo, pero seguro que al menos hasta septiembre, como mínimo. Pero no sabemos cuál será el siguiente paso, porque sin tests es complicado... Habría que tener tests para toda la población y establecer un sistema de pulseras o pegatinas homologadas... si no es imposible.

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