El ‘setienismo’, a la baja: traición a sus principios y enfado con su segundo

Quique Setién
Quique Setién
EFE

Quique Setién llegó pisando fuerte al FC Barcelona, cuando una gran parte del barcelonismo celebraba la destitución de Ernesto Valverde. El jurado popular azulgrana denunciaba el pobre juego que demostraba el equipo bajo las órdenes del extremeño, y cuando el flamante nuevo técnico prometía en su primera rueda de prensa “solo jugar bien”, el Camp Nou se pintaba de rosa. Nada más lejos de la realidad.

Quique Setién, durante un entrenamiento del Barcelona

quique setién

  • 11 partidos con el FC Barcelona
   7 victorias, 1 empate, 3 derrotas

Pese a que en su debut se ciñó al clásico 4-3-3 azulgrana, poco tardó en inventarse alineaciones que no terminaban de transmitir buenas sensaciones. Experimentó con un 3-5-2 en el partido contra el Ibiza en Copa del Rey (pasando por los pelos), probó un 3-1-4-2 contra el Valencia (y perdió 2-0) y sólo le salió bien el 4-3-1-2 en las victorias contra el Betis y Eibar. Sin embargo, en la mayoría de partidos coincidía una variante que poco gusta en la afición: los cuatro mediocentros.

En los últimos tiempos con Valverde, el Barça acusaba el mal de juego y la poca profundidad de sus futbolistas, algo que parecía que cambiaría con Setién, pero que no ha terminado de hacerlo. Después de la eliminación copera contra el Athletic Club, el Barcelona superaría varios partidos complicados como la visita al Betis o recibir al Getafe, para después golear al Eibar en casa en lo que parecía ser el inicio de la conexión de la plantilla. Una vez más, solo era un espejismo.

Después del Eibar, se daba por abierta la recta final de la temporada con la vuelta de la Champions League y la visita a San Paolo. Sin embargo, jugar contra el Nápoles en su casa, no es recibir al Eibar en el Camp Nou. Hacer funcionar a los cuatro centrocampistas no era una tarea tan fácil y el juego del equipo volvía a quedar muy mermado, lejos de aquel arte que prometía Setién en su primer día en Can Barça.

No obstante, el técnico disfrutaría de una nueva oportunidad de reivindicarse: llegaba el Clásico en el Bernabéu. Los enfrentamientos con el Real Madrid son aquellos donde prácticamente todas las carencias quedan olvidadas con una victoria, pero el míster azulgrana volvería a olvidarse de una de las frases que dejó en su presentación: “para ganar hay que jugar bien”. Y eso es algo que prácticamente no ha conseguido desde que llegó al Camp Nou.

Alineando una vez más a cuatro mediocentros para intentar tener el control, el Barça, muy falto de profundidad, no dominó en ningún momento el juego (no confundir dominar con tener la posesión). El Real Madrid dio más sensación de peligro en todo el partido y en la segunda parte los de Setién parecían un boxeador grogui esperando a que llegase el noqueo final. Ni rastro de su filosofía de juego, ni de la cantera, ni del ‘cruyffismo’ que tanto defendió.

Quique prefirió salir con Arturo Vidal y de Jong en las bandas, escoltando a un doble pivote con Arthur y Busquets, antes que dar entrada a Ansu Fati (o a Braithwaite), que den más profundidad y penalicen más a un Marcelo que pasa por uno de sus peores momentos. Para muchos, una traición al juego alegre y atractivo que prometió en su presentación y la ‘valverdización’ de Setién.

Ni juego, ni cantera

Si bien es cierto, la plantilla es la que es y el entrenador cuenta con menos efectivos de los que cualquiera querría, pero a la cantera que tanto alabó tampoco se la ve mucho. Dos partidos duró Riqui Puig contando para Setién en las convocatorias, y prácticamente lo mismo le ocurrió con Álex Collado. El extremo debutó contra el Valencia, fue incluido en alguna que otra lista más y a partir de ahí no se le ha visto más.

También desperdició el técnico su bala de la cantera al no confiar en Ansu Fati para ser titular en el partido en el Bernabéu. El hispano-guineano no participó hasta el minuto 81, cuando entraba sustituyendo a Griezmann, y no tuvo una relevancia mayor en el encuentro.

Opacado

Sin embargo, uno de los aspectos más rescatados por el aficionado culé es la actitud del cuerpo técnico, después de unas imágenes que han trascendido tras el Clásico. En ellas, se ve al segundo de Setién, Eder Sarabia, pidiendo más intensidad a los jugadores de manera muy vehemente, una actitud dura con los jugadores que se ha requerido últimamente por parte de los hinchas

No obstante, varios medios informan del malestar que genera el carácter de Sarabia en el vestuario azulgrana, acostumbrado a un ambiente más laxo y con dudas de la ascendencia del asistente para corregirles.

Este suceso es un mero reflejo de lo que fue Setién en el Bernabéu y de lo que está siendo su etapa en el Barcelona. Al cántabro le opaca todo lo que sucede alrededor del club y no consigue dar con la tecla para dejar su sello en el Barcelona, ni en el juego, ni en el vestuario.

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