La pelea entre Renfe y los viajeros de Ciudad Real

Se trata de lectores como María Verdugo, Juan Jesús de la Vega y Rosa Muñoz, que usan el tren todos los días laborables para ir a trabajar y regresar a sus casas.

Antes hacían el viaje en los trenes de alta velocidad de larga distancia que circulan entre Madrid y Sevilla. Ahora deben usar los de distancias medias que Renfe compró al consorcio Alstom-Caf en 2001. Los nuevos trenes tienen una velocidad máxima de 250 kilómetros/hora y 237 plazas. En ambas magnitudes pierden en comparación con los primeros, que alcanzan los 300 kilómetros/hora y pueden transportar a 80 pasajeros más.

¿Ganan o pierden los usuarios con la nueva oferta? En comodidad, pierden. Por mucho que la empresa sostenga, en su pronta respuesta a la demanda de información de 20 minutos, que los nuevos trenes son adecuados, lo cierto es que están peor sonorizados y no son tan confortables como los de AVE de larga distancia. El lector José Luis Murcia añade, además, que tienen «fallos constantes en la calefacción, los asientos y las puertas».

El cuerpo central de la polémica, que incluso movió a la protesta contra la empresa ferroviaria de instituciones públicas de Castilla-La Mancha, es el precio de los billetes y la frecuencia del servicio. Hasta ahora los viajeros podían

 Evaluación de la respuesta

Renfe. Suspenso (en voluntad

de diálogo)
comprar un abono mensual para los tramos Madrid-Ciudad Real o Madrid-Puertollano. Costaba, para el primer trayecto, 354 euros y permitía realizar un número ilimitado de viajes en AVE. El producto, combinado con las tarjetas de usuario, generaba europuntos de descuento de hasta un 10% y daba derecho al uso gratuito del parking de la estación.

Tarifas ajustadas. Mientras Renfe dice que no hay subida, porque «se han establecido unas tarifas muy ajustadas» mediante un nuevo sistema de abonos, la viajera Rosa Muñoz sale perdiendo: antes pagaba al mes entre 318 y 330 euros. Es decir, ahora desembolsa entre 24 y 36 euros más.

La empresa minimiza las críticas, atribuyéndolas a «un pequeño colectivo de una veintena de personas», pero los afectados dicen que Renfe se ha comportado con un «mutismo absoluto», haciendo «caso omiso» a los 1.300 usuarios que viajan todos los días, contestando a sus quejas con una carta fotocopiada e incluso aumentando las dotaciones de vigilantes en los trenes para «reprimir» las protestas.

Renfe niega la opacidad informativa que le achacan y se justifica con una consideración muy publicitaria del periodismo, citando la convocatoria de dos conferencias de prensa para presentar el nuevo servicio.