Iglesia y política

Así debía de ser en todos los casos. La Iglesia tiene una misión espiritual que cumple escasamente. El «ama al prójimo como a ti mismo» se convierte en «defiende las ideas de tu facción ideológica como a ti mismo».

Eso fue de constatar en la manifestación que, contra el matrimonio homosexual, montó el PP y aglutinó a un amplio sector de entidades ciudadanas contando en la presidencia de la marcha con las más altas instancias de la jerarquía eclesial. Fui crítico con ese posicionamiento, pues nada sacramental se iba a aprobar, sino tan solo el derecho de unos seres humanos a ser tratados como iguales.

Por esa misma regla de tres no me parece plausible el posicionamiento del viceprior de Montserrat en defensa del concepto de la nación catalana. Por dos motivos. Primero porque las naciones son un invento de la Revolución francesa y nadie puede reivindicar más trienios que desde entonces. El segundo se basa en que la Iglesia de Cristo sólo debe hacer política en estados de excepción. Y lo de ahora es de lo más normal y democrático.