El arte de decir no

Incluso hay quienes dicen no por sistema, pero esto responde a una postura que esconde bastante inseguridad y claras dosis de intolerancia. El secreto es decirlo en el momento apropiado, de forma correcta y con la habilidad suficiente para que el otro entienda el mensaje, y además nos vea tan seguros que no insista más.

Podemos decir no con la mirada, con nuestros gestos, silencios, ademanes, nuestros ojos… incluso con la espalda, con nuestra falta de contacto ocular, nuestra muda contestación o elocuente desinterés.

Mas hay un no tremendamente doloroso, que mina nuestra moral y arruina la autoestima; es el que no hemos sido capaces de decir, ese que ha quedado ahogado dentro de nosotros, que se ha sentido herido por nuestra inseguridad y mutilado por nuestra falta de esperanza. Es terrible, porque es el no que no hemos dicho.

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