Redondeos por donde mires

Vivimos la era del redondeo. Echaría mano del euro para situar esta fiebre, porque parece que con esta moneda se abrió la veda de redondear.

Por la mañana, al llegar con el coche al parking, sabemos que luego nos van a redondear la facturita de marras, y que pagaremos casi una hora de más por  el morro. Al llegar el mediodía, a quienes tienen prole en casa, les van a redondear la beca del comedor escolar –en este caso, al cero pelotero– y, si su vástago está en la edad del pavo (entre 12 y 13 primaveras), casi seguro que no tiene ni cantina en el instituto para él.

Y rece usted, contribuyente, para que al llegar la tarde, a este adolescente no se le rompa un brazo retozando, porque con los redondeos presupuestarios que aplican en Sanidad, tal vez tenga que esperar cinco horas en Urgencias para que lo operen.

Como le ha pasado ya a más de uno en el hospital de Sant Joan. Y para colmo, cuando vayan a quitarle la escayola, se volverá a casa con el yeso, por la huelga de radiólogos. Son días redondos.