¿Somos felices?

Habrá de todo. Gente que sí, gente que no, gente que no lo suficiente, gente que a veces sí y a veces no... Para mi, lo básico para estar cerca de la felicidad es que la gente a la que más quieres esté bien. La salud, el afecto y el amor de familiares y amigos son la clave.

El resto, va y viene. El dinero, la belleza... son efímeros. Lo estamos comprobando hoy en día con la cantidad de nuevos ricos ligados al negocio inmobiliario que han pasado a engordar las listas del paro.

Para ser feliz  es importante no hundirse cuando llegan los momentos duros, que siempre llegan. El nerviosismo, la desesperación, el decaimiento son normales, pero cuanto menos duren antes regresa la sonrisa, la tranquilidad y la felicidad.

En Navidades siempre solemos recordar a aquellos familiares que ya no están con nosotros. Los recuerdos, buenos y malos, marcan nuestras vidas. Pero las familias también crecen: nacen hijos, tenemos sobrinos o nietos, los hijos o hermanos nos presentan a sus parejas...

La vida fluye como un corcho en un riachuelo y siempre hay que salir a flote. Es la mejor forma de acercarnos a la felicidad.