Siempre nos quedará Mastropiero

Caigan las más altas torres de la interpretación, apáguense los focos de los teatros del mundo, séquense las plumas de los dramaturgos internacionales. Siempre nos quedará Mastropiero.

Vuelve el fracasado y veterano compositor, de nombre Johann Sebastian. Esta vez (aunque con retraso con respecto a su estreno en Argentina, en 2005) para dar nombre a unos peculiares galardones en Los premios Mastropiero. Peculiares no tanto por su forma (similar, en un guiño, a la de los Oscar) como por sus categorías y, sobre todo, por sus alocados receptores.

No hay rabieta que no puedan mitigar ellos, Les Luthiers. La que suscribe, enfadada con el universo, se repetía mentalmente "no me voy a reír, no me voy a reír...". Ya no te amo, Raúl. Carcajada. Monólogo en torno a la musa Éster Sícore. Dolor de tripa, desencajamiento de mandíbula, se saltan las lágrimas.

Hay quien dice que las gracias se ven venir, no cabe duda de que son muchos años los que lleva el ahora quinteto trabajando con el mismo humor inteligente, a menudo basado en el lenguaje. Pero todavía sorprenden, causan el efecto buscado. Y en estos tiempos la sonrisa se cotiza en Bolsa.

* Hasta el 15 de noviembre en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. www.lesluthiers.com.