El camino de la felicidad

Un estadio de fútbol en miniatura ocupa un tercio de su habitación y tapona el acceso al armario principal. No le importa. Su principal preocupación consiste en que no le falte un detalle, en pulir al máximo su afición a ese minimalismo balompédico bautizado como subbuteo.

Cada espectador de plástico está ubicado en su asiento, incluso los coches en su aparcamiento. Aparentemente la recreación resulta perfecta. Pero los coleccionistas son así. Siempre buscan un matiz añadido que complete un elenco que nunca queda cerrado. Este amigo ha descubierto una pasión desenfrenada por el subbuteo.

La misma que le ha llevado a completar todas las colecciones de cromos futboleros existentes desde 1974 o a apilar en estanterías una lista casi infinita de bandas sonoras de película en discos compactos. Ninguna pirateada, por cierto.

Su vida se ha convertido en una obsesión por acumular objetos absurdos para la mayoría de sus conciudadanos pero fundamentales para él. En sus ojos brilla un entusiasmo paternal cuando te habla de ellos o te muestra su colección. Curioso y personal camino el de la felicidad.