Las ilusiones perdidas

La tristeza es una enfermedad etérea que se transmite por contacto visual. Si te encaras en un vis a vis con un cuerpotriste, ahí mismo te hace la cruz. Mirando las fotos del ex alcalde socialista de Lorca, Miguel Navarro, entrando y saliendo de los juzgados, no vi tristeza en su rostro. Al menos, no la tristeza que sí exhibió Juan Escudero, el ex regidor, también socialista, de Los Alcázares. No sé si con más razón. Eso que lo diga el juez. Pero Navarro estaba entero, o eso aparentaba. Hablo de socialistas, porque estoy hablando de tristeza. Cuando dedique un artículo a la alegría, recordaré la cara de cumpleaños con que José Martínez Andreo, el alcalde de Totana, entró en la cárcel de Sangonera a pasar unas Navidades. O la de conmigo no puede nadie, con que Daniel García Madrid, el de Torre Pacheco, hizo el paseíllo hasta las rejas. Algo está pasando con la clase política. Han perdido la vergüenza que nos hicieron creer que tenían. No sólo meten las manos en maletines. También roban la ilusión a los que se levantan temprano a votar. Esa ilusión que teníamos hace unos años cuando, paseando por una urbanización, reíamos con aquellos carteles que se merendaban el diccionario con un simple: «Se venden chaletes».