Tengo una corazonada

Así reza el eslogan que nos han plantado los vendedores de Madrid 2016: «Tengo una corazonada». No nos explican qué tipo de corazonada les revienta el corazón.

Supongo que estarán esperanzadísimos en que los miembros del Comité Olímpico Internacional -que hoy comienzan a comprobar in situ las bondades del proyecto madrileño- se queden boquiabiertos... para bien, claro.

Les contarán lo mismo que cuando optábamos a los juegos de 2012: que casi todas las instalaciones están casi construidas, que la seguridad está garantizada, que hay hoteles de sobra, que habrá muchos voluntarios muy contentos todos ellos, que la mayoría de los madrileños apoya la candidatura...

Para mi todo esto es un déjà vu olímpico, en la doble acepción del término. Esto ya lo he vivido. Y me sé el final. Llegó Londres y nos despertó del sueño olímpico. Vendrá Chicago y se acabó lo que se daba. Para desgracia de muchos, lo veremos.