Descargas de música

Descargarse música no es delito. Lo dicen músicos, autores y millones de personas en el mundo, entre ellos Robbie Williams o Annie Lennox. La industria discográfica no se entera que el mundo ha cambiado. Ya nadie va a pagar por escuchar música excepto que le aporten algo más que una canción, como nadie va a comprar un periódico existiendo la prensa gratuita y los digitales. Cada vez se consume menos televisión de pago y si antes nos hacíamos socios del círculo de lectores, ahora la cultura se regala con la prensa del domingo. Los autores, sean músicos, escritores o directores de cine, son los propietarios intelectuales del producto, y deciden cómo llega a sus seguidores.

Prince estrenó su nuevo trabajo colgándolo en internet y Pau Donés de Jarabe de Palo ofrece su libro-disco en los kioskos y por fascículos junto a un diario. Mientras la industria intenta poner vallas al campo, la Sociedad General de Autores se gasta fortunas en detectives y los propietarios de las discográficas ya han cambiado su modelo de coche, de un Mercedes último modelo a un Audi de segunda mano. Los consumidores de esta cultura musical no comprenden porque las medidas proteccionistas siempre benefician al negocio. Aunque la Ministra de Cultura prometió en 2006 un IVA reducido del 4% sobre la música, ahora Solbes lo niega, porque el Estado con impuestos cargados a la cultura compensa los millones que ha dejado de ingresar por la especulación inmobiliaria.