Breves y dos veces buenas

Cuando te pierdes por entre las líneas de una novelita corta, sencilla, pero cargada de ternura y espolvoreada con un particularísimo sentido del humor, poblada por una impagable galería de personajes y en la que lo anecdótico da pie a una de esas tragedias cotidianas que se te adhieren al alma estás de enhorabuena bibliófila. Y eso es exactamente lo que le sucede al lector que se atreve con Oro (Alfaguara, 17 euros), del británico Dan Rhodes, en la que Miyuki Woodward, la treintañera lesbiana e hija de una galesa y un japonés al que no llegó a conocer, se pierde dos semanas al año en un remoto pueblecito de la costa con el firme propósito de echar de menos a su novia, leer un libro al día, atiborrarse de comida prefabricada y reencontrarse con los parroquianos del lugar, especialmente en pub local. Pero este año Miyuki revienta sus propias normas y, presa de una curiosa "fiebre del oro", hace algo cuyas consecuencias no alcanza a imaginar. Deliciosa y divertida.

No hay mejor manera de pulverizar pedestales que sostienen a iconos sociales que hacerlo en plan cirujano, abriendo al grupo en canal para dejar al aire sus órganos blandos. Y en eso pocos hay que aventajaran a Truman Capote, especialmente en su exquisita Plegarias atendidas (Anagrama, 7 euros), en el que da forma a palabras al carismático P. B. Jones, un joven decidido a vivir bien que se codea con la jet set gracias a sus dotes de confidente, sus manos de masajista y su versatilidad sexual. De su mano y por su boca sabremos de las pasiones - altas y bajas- de Warhol, la Garbo, Peggy Guggenheim, los Beauvoir, Tennessee Williams, Gore Vidal, Jackie Kennedy, y un largo etcétera para ofrecernos un fresco tan bífido como realista de lo que siempre quisimos saber sobre las deidades del olimpo social y que el papel cuché jamás reveló. Fabulosa.