De colas y esperas

El proceso de regularización de inmigrantes está colapsando la Administración en Madrid. Hasta dos días de colas han tenido que estar algunos de ellos para poner un simple sello en su pasaporte, con el coste personal que les ha supuesto: muchos tuvieron que cogerse un día libre únicamente para esperar en la cola. Pero no es de extrañar, Madrid parece la ciudad de las colas. Salen a la venta unas entradas para un concierto, y la Gran Vía se atasca de gente que aguanta estoicamente su turno. Sacar dinero en un cajero puede convertirse en una espera interminable. Por no hablar de las filas para comprar el abono transportes en las taquillas del Metro... No sé si los ciudadanos se organizan muy mal y les pilla siempre el toro o, por el contrario, son las instituciones y las empresas las que no tienen capacidad de reacción ante imprevistos; pero ya está bien de perder el tiempo en la calle.