A vueltas con el profesor sádico

Nunca recibo correo de mis lectores, pero gracias a una de mis columnas en la que contaba en primera persona la edificante historia de un ex alumno dispuesto a devolverle una bofetada a un profesor 30 años después, me han llegado unas cuantas misivas apaciguadoras y a cada cual más singular. Las agradezco todas, aunque una que me pide que abandone los movimientos de No a la guerra, dado mi carácter vengativo, me parece fruto del delirio o del peligroso tiempo libre.

A lo que iba, ese texto inocente mío que sólo pretendía recordar que el que siembra vientos recoge tempestades ha hecho que me llegue una carta firmada por el hijo de aquel sádico profesor de mi inventiva. Increíble pero cierto. Me pide que le cruce el rostro a su padre en nombre de todos los golpes que recibió él, sus hermanitos y su mamá. Me informa de los horarios de su padre, un plano del recorrido que hace para ir a emborracharse al bar, una foto actualizada de su careto (la misma cara de cabrito que yo imaginé)  y un jamón de Jabugo que no sé si es como compensación por las molestias o para coger fuerzas. ¿Qué hago ahora, atentos lectores?