Iguales, pero en lo peor

E l fenómeno de la delincuencia juvenil es un –en este caso– triste síntoma de la igualdad de sexos, en Alicante. Pero para mal: cada vez hay más casos de chicas violentas, mientras se reducen los casos de chicos. De todas formas, por cada una de ellas hay ocho o nueve gallitos. Nadie se atreverá ni siquiera a esbozar una fórmula mágica para atajar esta triste escalada de puñetazos grabados con el móvil, robos de choriz@ de pacotilla, amenazas al profe... pero me temo que uno de los factores que más influye en esta lacra es que relativizamos la violencia. Desde nanos mamamos agresividad, en el videojuego, en el cine yanqui comercial y malo (hay otros), en Internet, en la tele y en las fiestas. Sin moralinas, habría que afearle la conducta siempre al que se le va la mano. Y no valen excusas. El otro día, en la comisaría Centro, la madre de una menor ladrona se desmayó al enterarse. Vivimos ajenos a la realidad de nuestros hijos. Tal vez si se difundiera en el entorno del malhechor lo que ha hecho, le daría vergüenza. Y disuadiríamos así a otros antes de cometer fechorías.