Violencia canina

El punto de vista de un perro es imposible para el hombre. Pero puedo asegurar que representan la inocencia. Saben amar como nadie, desayunan con risas y se acuestan sin miedo al futuro arrullados en tu panza. Sus miradas no hablan de guerra, a no ser que el hombre les ponga un machete entre los dientes.

La perrita asesinada la semana pasada en Miribilla fue víctima de dos cyborgs del mundo perruno a los que sólo han enseñado a triturar carne. La pena es que a sus dueños no les envían al diván de un psicólogo cada mañana.

Lo más seguro es que se demostraría que tampoco a ellos les llega la sangre a la cabeza. Eso es lo malo de las razas de perros sensibles a la violencia armada: que caen en manos de tarugos y creen que degollar a una perrita es un deber cumplido. Algunos hablan de esterilizar a los pitt bull y similares.

No sé lo que pensarán los bichones malteses, pero sus gargantas se secan de miedo cuando una de esas bestias pardas emiten el sonido gutural de la sangre. Todos los perros acaban pareciéndose al dueño. Hasta en la mirada.