Sí, soy zurdo

Lo reconozco, lo soy. Y dicen que vivíamos menos: es un dato innegable que hay muy pocos zurdos por encima de los 60 años. Es más, hace dos años investigadores holandeses revelaban en la prestigiosa British Medical Journal que las zurdas tenían una probabilidad dos veces mayor de sufrir cáncer de mama. Los científicos especulaban que quizá fuera debido a una elevada exposición a hormonas sexuales antes del nacimiento que, además de poder inducir la zurdera, provocaría cambios en el tejido mamario.

Un estudio publicado en Developmental Psychology demuestra lo que de alguna forma ya sabíamos: que, sobre todo en el primer cuarto del siglo XX, se ejerció una intensa presión para que los niños ‘cambiaran de mano’. Y no tan lejos, añadiría. Yo tuve la suerte de que el médico les dijera a mis padres que ni se les ocurriese. Lo que sí revela el estudio es que la presión social fue más intensa sobre las mujeres.

Un gen tiene parte de ‘la culpa’. ¿Por qué somos zurdos? No está muy claro. Este agosto se descubrió el gen LRRMT1, del que se sospecha modifica el desarrollo de la asimetría en el cerebro –el lado derecho controla las emociones y el izquierdo el lenguaje, pero en los zurdos suele estar cambiado–. Estos malvados científicos diestros no quieren que descansemos tranquilos, pues dicen que este gen podría incrementar el riesgo de desarrollar esquizofrenia.

Otro resultado llamativo es que un estudio con 23.410 individuos encontró que hay más zurdos entre los homosexuales. Si ambos hechos están relacionados, y como la zurdera se decide antes de nacer, debe haber al menos una causa anterior al nacimiento que influya en la orientación sexual, común a gays y lesbianas.

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