Ciudad de la sombra

Se ha hecho público lo que era un secreto a voces: que los estudios de la Ciudad de la Luz son una ruina. Si el dinero lo perdiesen particulares, me sentiría triste porque un proyecto potencialmente interesante fracase, pero nada más. Pero como la «pasta» evaporada estuvo antes en el bolsillo de los ciudadanos, la tristeza degenera en depresión. Deprimido, porque las Administraciones Publicas no deben intervenir en la economía convirtiéndose ellas mismas en empresarias; porque lo hacen peor, porque crecen las oportunidades para corromperse, y porque es malo para la libertad.

Escribo esto aprovechándome del mal dato contable, pero lo pensaría igual aunque fuese el negocio del siglo. Y es que no creo que cualquier actuación pública justifique per se que a la gente se le quite su dinero, arrebatándole la posibilidad de emplearlo según su propio saber. De los impuestos también cabe predicar aquello de la legitimidad de ejercicio. Y melancólico porque ya escribí algo parecido sobre Terra Mítica.