La maldición de Adriano

El pasado domingo se disputó el XXIII Cross de Itálica, ciudad sevillana que fue cuna de los emperadores romanos Trajano y Adriano. Itálica no es Egipto, fuente de inspiración de todas las maldiciones que en el mundo del celuloide han sido, pero también sabe de negras profecías.

Así, la llamada maldición de Adriano sentencia que nadie será capaz de ganar tres veces esta carrera. Un castigo mucho más benévolo que el que caía sobre los profanadores del sarcófago donde La momia (1932) de Boris Karloff expiaba sus pecados. ¿O no?

En 2004, el etíope Bekele, campeón olímpico de los 10.000 metros, ganaba en Itálica por segunda vez y se colocaba a un paso de romper el gafe. En diciembre, su novia se le murió en los brazos mientras se entrenaban juntos. Bekele guarda luto. En La maldición del demonio (1957), distintos personajes luchan por no portar el pergamino que distinguirá al condenado a las tinieblas. Por lo visto, Bekele no revisó sus bolsillos.