Drama telefónico

Su compañía telefónica naranja le envió una carta confirmándole «el alta que había solicitado» de un nuevo servicio ADSL. Respondió por escrito que él no había solicitado nada ni había hablado con nadie. Ni caso. Le cobraron el servicio varios meses seguidos y, claro, devolvió los cargos.

Lo explicó de nuevo por escrito, ya que el 902 es de pago. Al final, le llamaron «para darle la bienvenida al nuevo servicio ADSL». Apeló a la lógica, pero al otro lado había una pared: «Tendrá que darse usted de baja», decía. «No me puedo dar de baja porque nunca me di de alta, corrijan ustedes el error». Pensó pedir que le pasaran con un superior, quizás un frontón o el muro de las lamentaciones, pero estaba cansado de pelotear y colgó. Ahora recibe amenazas de la compañía naranja. Cuando fue a contar su excepcional caso a los amigos se dio cuenta de que, como en las enfermedades, todo el mundo tenía su propio drama telefónico, a cual más sangrante, y se consoló con el mal de muchos.