Fiestas populares

Jamás pondría en duda esa magia que tiene el verano, al menos cuando el clima se corresponde con el calendario. Pero, esta estación es también, inevitablemente, la más hortera. Algo que hemos conseguido con duro esfuerzo y constancia entre todos. Y no me refiero a la clásica y manida sandalia con calcetín de rombos subido hasta la rodilla que alguno se empeña en vestir (y no siempre viene de Manchester, ¿eh?). Hoy me refiero a esas ‘fiestas populares’.

Empiezan a ser todas sospechosamente iguales. Calcadas.  Mangas de campeonato vestidas de mahón acompañadas de atorrantes éxitos musicales. Los mismos grupos en el tablado una y otra vez, de San José a San Mateo. Los eternos banderines descoloridos, que en algún caso ni se retiran en todo el año. Los concursos gastronómicos, inalterables desde que Colón trajo la patata de América. En fin, nuestro modelo ‘jaiero’ va  pidiendo novedad y reforma. O acabaremos sumergidos en el día de la marmota con un katxi en la mano.