Sueños en campaña

Ayer cerré la ojos e imaginé la Sevilla del futuro. Una ciudad donde el paro es sólo un recuerdo del pasado; en la que los jóvenes podían aspirar a una vivienda sin hipotecar toda su vida; un lugar tranquilo y feliz donde era posible pasear por cualquier lugar, cualquier día y a cualquier hora sin miedo a que nadie violentara tu caminar. Entonces me venció el sueño y me vi rodeado de zonas verdes, de árboles y jardines con exuberantes flores; cientos de bicicletas iban de un lado a otro por kilómetros y kilómetros de carriles
especiales; en el río la gente disfrutaba del sol y las posibilidades de ocio y cultura eran casi infinitas.

Nada perturbaba mi sueño. Los atascos no existían y la gente disfrutaba de un agradable paseo en barco por el Guadalquivir mientras se dirigía a su puesto de trabajo (indefinido y bien pagado); el impulso de las energías renovables había detenido el amenazante cambio climático y Sevilla era a la vez una ciudad orgullosa de su identidad y tremendamente innovadora. Desperté entonces abrumado por tanta felicidad y la realidad me golpeó. Me di cuenta enseguida que mis sueños también estaban ya en campaña electoral.